
Breve sinopsis
El sacerdote católico irlandés Oliver O´Grady utilizó su encanto personal y su autoridad como líder religioso para abusar de decenas de niños en California desde los años 70 y durante dos décadas. Mientras estos horribles actos ocurrían, la Iglesia Católica tapaba evidencias de su culpabilidad a pesar de las quejas que varios feligreses presentaron al respecto. Fueron trasladando al padre O´Grady de parroquia en parroquia y desacreditando a las víctimas.Critica
Durante buena parte de los años 70 y 80, el Padre Oliver O'Grady fue trasladado de una parroquia del sur de California a otra por una jerarquía de la Iglesia Católica que quiso aplastar cualquier investigación seria acerca de su conducta. La que fuera reportera de la CNN Amy Berg, directora de este sensacional documental, analiza los medios a través de los que la Iglesia, de forma subrepticia y engañosa, ocultó (y continúa ocultando) la predilección de O'Grady para infiltrarse en familias incautas y abusar de sus niños (acariciarlos, violarlos, sodomizarlos), víctimas que se cuentan por centenares y que incluyen hasta a un bebé de nueve meses.
Convertido así en el perpetrador más prolífico de lo que ha llegado a ser un crimen demasiado familiar, O'Grady era un lobo con piel de cordero, y Berg, ayudada por el consentimiento de su sujeto para hablarle a la cámara en primera persona acerca de su pasado, lo retrata con toda justicia como un hombre que metódicamente atacaba y explotaba la confianza de sus devotos parroquianos. Mientras, su abanico de bustos parlantes (que incluye a víctimas, sus turbados parientes y disidentes de Iglesia oficial) explican de forma convincente cómo las imperdonables transgresiones de O'Grady eran actos de abuso tan espiritual como físico, porque fueron cometidos por quien los católicos consideran como un representante de Dios en la Tierra.
Por momentos, la directora confía en exceso en tácticas de manipulación dramática (captura a O'Grady a base de una serie de primeros planos de partes corporales, oscurece su cara para amplificar la tensión, incluye secuencias obviamente escenificadas que lo muestran sentándose en la iglesia o en el pupitre de una aula), que resultan innecesarias dada la irrefutabilidad de sus argumentos, aunque, en cualquier caso, no disminuyen la descripción de la película del devastador impacto de los abusos sobre las víctimas y sus familias.
Álex M. Blanco