
Breve sinopsis
Hancock es un superhéroe, pero no tiene nada que ver con lo que hasta ahora conocíamos. Siempre que utiliza sus poderes para hacer buenas acciones, provoca algún desaguisado, así que se ha vuelto un tipo atormentado, desagradable y poco querido por los habitantes de Los Ángeles. Un día, la suerte de Hancock cambia cuando salva la vida de Ray Embrey, el ejecutivo de una empresa de relaciones públicas. Como agradecimiento, Embrey se propone limpiar la imagen del héroe e integrarle en la sociedad.Critica
Desde ese plano inicial del superhéroe recalcitrante John Hancock durmiendo su permanente resaca en un banco de las calles de Los Angeles hasta ese final andrajoso y casi inexplicable, Hancock es un auténtico desastre.
Ha sido publicitada por su estrella, sus productores y la prensa como el intento de Will Smith de oscurecer ligeramente su persona fílmica, pero Hancock, con su estúpido final y su plomizo nudo, hace que la teleserie El príncipe de Bel Air, que supuso para Smith un espaldarazo, resulte transgresora en comparación. Y también está esa cuestionable y prefabricada falta de agudeza inherente a convertir a este último superhéroe en un hombre negro alcohólico despreciado por la ingrata ciudadanía –y también a hacer, después, que su amante adúltera sea una ama de casa blanca--. El director Peter Berg apunta hacia cierto mensaje, pero ¿cuál? Por momentos uno casi puede sentir la crítica social que late bajo la superficie de la película. Pero, a menos que el mensaje sea que mucho poder implica grandes cantidades de alcohol y autodesprecio –un subtexto superheroico ya proporcionado con mucha más agudeza y humor por Iron Man--, entonces Hancock incumple su objetivo de largo. Como vacío blockbuster veraniego, a la manera de comida basura, ni siquiera funciona a la manera de un guilty pleasure, aunque hay que reconocer que la visión de un irritable héroe que rescata a una ballena sacándola de la playa y mandándola a colisionar con un barco anclado en alta mar es un gag estupendo.
Sergio S. Martín