El perfume: Historia de un asesino

Director: Tom Tykwer
Intérpretes: Ben Whishaw, Dustin Hoffman, Alan Rickman, Rachel Hurd-Wood, Birgit Minichmayr, Sian Thomas, Sam Douglas, Corinna Harfouch
Título VO: Das parfum: Die geschichte eines mörders
Género: Thriller
Año de producción: 2006-06-29 12: 27: 07.0
Productora: Castelao Productions, Nouvelles Éditions de Films, Constantin Film Produktion
Guión: Andrew Birkin, Bernd Eichinger, Tom Tykwer
Música: Tom Tykwer, Reinhold Heil, Johnny Klimek
Fotografía: Frank Griebe
Duración: 147


Breve sinopsis

Envuelto en el hedor de un mercado parisino Jean Baptiste Grenouille es abandonado entre la basura. Criado en un orfanato, el pequeño sufre el rechazo de los demás por poseer un olfato extraordinario. En su primer viaje a París, queda extasiado por el aroma de una bella joven a la que asalta, quitándole la vida para después intentar atrapar su esencia. En Grasse, capital mundial del perfume, logra un perfume irresistible con la esencia de jóvenes muchachas a las que ha matado.

Critica

Los prejuicios invitaban a pensar que El perfume, obra magna de Patrick Sunskind encerraba el mismo portencial cinematográfico que la Crítica de la razón pura de Kant, es decir, ninguno. Después de que Scorsese, Forman y Kubrick -que acabó claudicando por considerar directamente infilmable libro semejante- trataran infructuosamente antes o después de cortejar a Sunskind, que no atendía a razones ni a cheques, la puesta en imágenes de la icónica novela se antojaba imposible en esta vida y en la otra. En ésas llega Bernd Eichinger, consigue que Sunskind se baje al fin del burro y contrata los servicios de un cineasta europeo sin credenciales en la arena del blockbuster, Tom Tykwer. Sinceramente los augurios de esta índole de macro co-producciones no invitaban al optimismo, pero el olfato de los agoreros hace aguas. El perfume es una bofetada a Kubrick. Tykwer demuestra que detrás del collage subjetivo de esencias, detrás del rompecabezas mental aromatizado del atormentado y oscuro Jean Baptiste Grenouille se escondían los hilos conductores de una deliciosa fábula tridimensional sobre el anhelo perverso de poseer y embotellar lo inefable, lo intangible. El desafío era poner en imágenes el mapa mental del asesino, materializar las exquisitas tribulaciones mentales de Grenouille, la insondable procacidad de su fantasía olfativa, que son la espina dorsal de la novela de Sunskind. Tykwer saca nota en el abordaje del reto, básicamente porque ha sabido trascender al perogrullo y a los ardides de la voz en off deconstruyendo los efluvios dieciochescos de El perfume con una inventiva visual sobresaliente. Tykwer enfrasca las esencias, sugiere lo invisible desde la sensualidad de un barniz estético irresistible (mérito también al director artístico y al de fotografía), pródigo en colores, avasallador en la sensualidad de las formas y de una fisicidad apabullante; desnuda el laboratorio mental de Grenouille con un montaje eléctrico y perfectamente funcional, con una distribución brillante de los movimientos de cámara desde un estrato etéreo y plenamente subjetivo que ilustra la avidez cazadora del perfumista criminal con una proximidad ciertamente sorprendente. El perfume es una superproducción a todo trapo, que demuestra que en Europa hay espacio para el gran presupuesto y la maquinaria pesada, pero además es un espectáculo narrativamente incontestable, un producto de lujo con consciencia, que provoca escalofríos y eriza el vello por la madurez sofisticada de la puesta en escena, por la estupefaciente economía del crescendo. Es fácil dejarse arrastrar, sin parpadeos, a lo largo y ancho de ciento cincuenta minutos de banquete para los cinco sentidos, que ennoblecen una adaptación prácticamente modélica, que no acusa la sombra gigantesca de las fuentes, pero que milita con orgullo en una fidelidad milimétrica a las esencias seductoras y cautivantes de la mítica novela. Pocos peros: quizá la compleja traducción escénica del brutal desenlace no riza el rizo, y quizá Ben Whishaw no era el intérprete idóneo para poner rostro a un personaje tan incómodo de ver, tan inquietante y contrahecho como Grenouille -sí lo bordan Dustin Hoffman, Alan Rickman y demás secundarios-, pero la dinámica orquestal es tan turbadora e intensa, la magnitud del triunfo es de tal calibre que las aristas se redimen holgadamente. Mejor suerte cinematográfica no podían correr las pérfidas correrías del perfumista maldito, de la mente enferma del alquimista que soñó con dominar el mundo perfume perfecto en mano.


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