El arco

Director: Kim Ki-duk
Intérpretes: Jeon Sung-Hwan, Han Yeo-Reum, Seo Ji-Seok, Jeon Gook-Hwan, Shin Taek-Gi
Título VO: Hwal
Género: Drama
Año de producción: 2005-06-29 12: 17: 05.0
Productora: Happinet Pictures, Kim Ki-Duk Film
Guión: Kim Ki-duk
Música: Kang Eun-Il
Fotografía: Jang Seung-Baek
Duración: 90


Breve sinopsis

Desde los seis años, una muchacha vive con un pescador en medio del mar en un barco maltrecho. El pescador sirve bebidas a otros pescadores, lee el futuro y protege, con su arco y con su vida, la vida de la joven con la que mantiene una relación muy especial y con la que espera casarse cuando alcance la mayoría de edad. Sin embrago, la llegada repentina de un apuesto universitario, hará peligrar esta relación marcada por la diferencia de edad, las reglas sociales y los sentimientos.

Critica

El arco es algo así como el cuarto episodio de la apologética del silencio de Kim Ki-duk, después de La isla, Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera y Hierro 3. Nuevamente a vueltas con el aislamiento, las antípodas de la civilización, el amor furtivo y la abstracción de un mundo-limbo en mitad del líquido elemento, El arco, la nueva página del poemario-catarsis del enfant terrible del cine coreano, es una introspección canina y ejemplar en el lodazal de las dependencias y las compulsiones posesivas de persona a persona. Delicadamente hermosa, hiriente por la profundidad del corte, se desliza entre el consciente y el inconsciente en un evanescente suspiro, entre simbologías en altorelieve del amor prohibido y la música imaginaria. Como casi todo el cine de Kim El arco es un torbellino de imágenes precipitándose al vacío de un universo de miradas y reproches mímicos, en una denodada búsqueda de la belleza esbozada en forma y fondo a través de un privilegiado instinto para dibujar estados de ánimo, anhelos y geografías tridimensionales del amor minusválido. El discurso de Kim es insolentemente sensorial, el suyo es un cine que se respira o se paladea, un cine táctil, apurando, prodigiosamente visual y no retórico, por mucho que muchos se empeñen en catalogarlo en el cajón del cine sesudo e intelectual más recalcitrante y amorfo. Todo lo contrario, y El arco es acaso la mejor evidencia de ello, es un cine que respira libre, y es en esa libérrima interpretación del espacio y en esa incontenible tendencia a la metáfora y la alegoría, donde se produce la confusión, cuando en el fondo hablamos de instrumentos, herramientas de un tratamiento abstracto de la realidad, pero deliberadamente sutil, romántico y fundamentalmente sensual. Quizá El arco acusa en demasía sus muchos puntos en común con La isla y Primavera, verano, otoño, invierno..., al fin y al cabo el cochambroso pesquero que mantiene a la deriva los corazones solitarios del viejo y la joven sin nombre, es una proyección camuflada de las casas flotantes de La isla y el templo budista sobre el lago de Primavera, verano, otoño, invierno..., pero el Kim Ki-duk de El arco es un Kim más romántico que nunca, más sentimental, e incluso más accesible a espectadores alérgicos a extravagancias orientales. Una de las películas más hermosas del genial cineasta coreano, a pesar de los desvíos erótico-sobrenaturales del desenlace, que desinflan un tanto el colofón de esta deliciosa pieza de orfebrería fílmica, que flota con semejante salud gracias, en parte, a los inconmensurables rostros de Han Yeo-reum, que repite con Kim después de Samaritan Girl y el anciano pescador enamoradizo, interpretado por un enorme Jeon Song-hwan, uno de los personajes trágicos de mayor calado de la impecable filmografía del director coreano. Una belleza de película, policroma, generosa en imaginería simbólica, religiosa y representativa, que permite prescindir de todo es corpus de apariencias, para quien encuentre espesas las sinécdoques, con un discurso limpio y universal sobre los misterios del amor y la rabiosa necesidad, ineludible ella, de amar y ser amado en idéntica intensidad.


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