Doomsday: El día del juicio

Director: Neil Marshall
Intérpretes: Rhona Mitra (comandante Eden Sinclair), Bob Hoskins (Bill Nelson), Adrian Lester (sargento Norton), Alexander Siddig (Primer Ministro Hatcher), Malcolm McDowell (Dr. Kane), David O´Hara (Michael Canaris)
Título VO: Doomsday
Género: Acción
Año de producción: 2008
Productora: Intrepid Pictures, Crystal Sky Pictures, Rogue Pictures
Guión: Neil Marshall
Música: Tyler Bates
Fotografía: Sam McCurdy
Duración: 105


Breve sinopsis

El virus Reaper (Segador) está haciendo estragos en la población. Su foco central está en Escocia y allí ya están casi todos infectados. Para controlar el avance, el gobierno se ve obligado a imponer una cuarentena en la zona. Levantan un muro a su alrededor y dejan aislada a la población que va siendo aniquilada. 25 años después, aparece un nuevo foco en Londres. Al descubrir que hay supervivientes en Escocia se manda a un grupo militar para que encuentre la cura en una carrera contrarreloj.

Critica

Neil Marshall, director y guionista de 'Doomsday', parece estar quedándose sin ideas o al menos de nuevas maneras de hacer que las viejas ideas parezcan frescas. Responsable de la cult movie 'Dog Soldiers' (con hombres-lobo) y de la genuinamente claustrofóbica 'The Descent' (con mujeres gritonas), no está a la altura con 'Doomsday' por la sencilla razón de que no hay un ápice de originalidad en toda la película, mires donde mires.

Un resumen rápido y somero de sus homenajes, préstamos y robos incluye '1997: Rescate en Nueva York', 'Fantasmas de Marte', 'Terror en el espacio', 'Callejón mortal', 'Aliens', '28 Días después', '28 Semanas después', 'Resident Evil', 'Mad Max', y, para poner las cosas aún más interesantes, 'La decisión de Sophie'. Hay que reconocer, en cualquier caso, que la técnica cinematográfica de Marshall (movimientos de cámara nerviosos y deslizantes puntuados por momentos repentinos y extremos de gore o revelaciones explícitas de los personajes) se mantiene en perfecto estado.

Es un material poderoso cuando funciona, y funciona más a menudo de lo que cabría esperar. Eso significa entre otras cosas de que, a pesar de que el resultado debería entenderse como una obra de ciencia-ficción al uso, de algún es otra cosa. En parte porque Marshall tiene ojo para la escenificar violencia pseudopoética y antiautoritaria. Las buenas personas, nos dice, a veces hacen cosas malas a otras personas no enteramente malas, mientras el Gran Hombre (el inquilino del número 10 de Downing Street, en este caso) busca formas de hundir a todo el mundo.

Álex M. Blanco


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