Disparando a perros

Director: Michael Caton-Jones
Intérpretes: John Hurt (Christopher), Hugh Dancy (Joe Connor), Dominique Horwitz (Capitán Charles Delon), Nicola Walker (Rachel), Louis Mahoney (Sibomana), Steve Toussaint (Roland), Claire-Hope Ashitey (Marie)
Título VO: Shooting dogs
Género: Drama
Año de producción: 2005-06-29 12: 35: 17.0
Productora: Filmstiftung Nordrhein-Westfalen, UK Film Council, BBC Films, Egoli Tossell Film AG , Invicta Capital Ltd, CrossDay Productions Ltd.
Guión: David Wolstencroft
Música: Dario Marianelli
Fotografía: Ivan Strasburg
Duración: 115


Breve sinopsis

Cuando Joe Connor termina la universidad, marcha a África como profesor para vivir una nueva experiencia y porque quiere marcar una diferencia. Es destinado a Kigali, un pueblecito de la conflictiva Ruanda de 1994. Cuando la escuela del Padre Christopher se convierte en refugio para los miles de ruandeses que escapan de la matanza, Joe promete a su alumna Marie que no le pasará nada. La ONU abandona la zona y los docentes deben elegir si huir del genocidio o quedarse con los ruandeses.

Critica

No tiene quizá la dinamita sentimental de Hotel Rwanda, ni apela a un discurso emocional si se quiere tan elemental y legítimamente demagógico, pero tiene en su haber un par de decenas más de voltios en términos de representación infernal de la hecatombe, y un puñado de centímetros más de punta del bisturí a la hora de formular un discurso escéptico-político de pesadilla, una voluntad beligerante infinitamente más cruda y decididamente más amarga y, sin duda, un hervor de más en lo tocante a la adjudicación de responsabilidades por el ignominioso genocidio ruandés. Es lamentable que una película tan potente, tan incendiaria y, en última instancia, rigurosamente sobrecogedora pase por la cartelera patria con un par de kilos más de pena que de gloria.Quizá por la lapidaria y nada acomodaticia panorámica del conflicto, quizá por no ser, como la notable Hotel Rwanda, un melodramón de estampas heroícas , quizá por ser tan incómoda por atreverse a apuntar con el dedo sacando los colores a Naciones Unidas, afilando más si cabe la hoja del cuchillo que la cinta de Terry George a la hora de condenar la criminal inoperancia y, lo peor, la ignominiosa complicidad de la institución con la limpieza étnica, por lavarse las manos liberando el cuello de los tutsis, acicándolos para el matadero, cediéndolos al verdugo, silbando y mirando intolerablemente para otro lado. Basada en escalofriantes hechos reales, Disparando a perros cuestiona la naturaleza última del intervencionismo presuntamente pacificador de occidente en los conflictos tercermundistas, la monumental hipocresía de la utopía humanitaria, el clasismo/racismo impresentable de la monumental falacia quintaesenciada en la ONU. Michael Caton Jones dispara a bocajarro, quién lo diría del tipo que firmó Rob Roy o, lo peor, Instinto básico 2, con una cinta política, comprometida y sin ripios, dramáticamente muy bien armada, impagable como testimonio estrictamente histórico de un horror contemporáneo pertinentemente ignorado por los titulares de la prensa primermundista, que arranca lágrimas por la pura inercia de la indignación, y no por la manipulación melodramática de los hechos, porque nunca pretende cargar las tintas del dolor y la desproporcionada tragedia, y porque se atreve a meter el dedo en una y mil llagas preguntándose, incluso, por la legitimidad ideológica de las misiones posmodernas.Desde la lucidez de la dialéctica desengañada del soberbio guión de David Wolstencroft, a la intensa composición que John Hurt y Hugo Dancy despliegan de sus respectivos personajes, a Disparando a perros apenas le falta quizá un extra de energía en la puesta en escena y, probablemente, un cineasta con mejor dominio del oficio, pero el conjunto golpea tan duro, apabulla sin cargar las tintas a tal punto, que uno no puede sino recomendar efusivamente el visionado de la cinta antes de que, y durará lo que un bollo a la puerta de un colegio, desaparezca de la cartelera.


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