
Breve sinopsis
Barbara Covett es una maestra a la vieja usanza que vive con despotismo su amarga soledad. La llegada a la escuela de una nueva profesora de arte, Sheba Hart, parece proporcionarle una leal amiga y confidente. Sin embargo, Barbara se entera de que Sheba mantiene un tórrido romance con uno de sus alumnos y amenaza con hacerlo público para arruinar su matrimonio. Lo que para la señora Covett comienza siendo un escándalo, acaba convirtiéndose en una exhibición de sus propios secretos y obsesiones.Critica
Es ésta una película de sencilla arquitectura: dos monstruos escénicos, Dench y Blanchett, desatados, un libreto quirúrgico y abrumadoramente humano y la partitura omnipresente de Philip Glass, atrezo sonoro de una tragedia de múltiples extremidades. Richard Eyre combina los ingredientes discretamente apostado a la sombra del recital de sus actores, al que se apunta desde la segunda línea del frente el habitualmente inmenso Billy Nighy. Diario de un escándalo es epítome de película de actrices, cine que se crece desde los márgenes diáfanos del rímel corrido de sus inquilinas, con aparejo escenográfico que se sabe actor de reparto ante semejante exhibición de recursos. El mérito loable de la apuesta de Richard Eyre, responsable de la espléndida Iris, es no interrumpir ni mediatizar el paseo generoso de sus actrices por los diálogos urdidos por la pluma tajante de Patrick Marber, que acicala la colisión en un oscuro cruce de caminos de dos naufragios emocionales, construyendo así, desde la confluencia de dos almas enmohecidas por el revés afectivo, la perspectiva demoledora de una obsesión de ésas que todo destruye a su demoledor tránsito.Marber ausculta las vértebras del chantaje, la degradación miserable de la ternura en un cenagal de deseo atrófico y en los aledaños de una avidez posesiva frenética, de una perversión sentimental tóxica precisamente destructiva. Cine sin tabúes, que se atreve a mirar las manchas con prismáticos y que expone un escenario tangible, de carne y hueso, de pasiones políticamente incorrectas dictadas por la irracionalidad de una sensibilidad egocentrista y asocial, entre pasiones mujer-adolescente, y mujer-mujer desde una perspectiva de coacción y amenaza.Eyre explota el torrente emocional que dibuja con fijación en el detalle Patrick Marber, un experto en bisagras oxidadas del mundo afectivo (véase Closer), mientras teoriza por cuenta ajena en la falacia universal del amor modelo y la irreductible resistencia del núcleo familiar. Su Diario de un escándalo tiene la consistencia de lo auténtico y sólo acusa, cierto es, el eclipse de sol y luna que provocan sus dos espléndidas protagonistas. Es decir, que el filme es lo que es y será por y para ellas. De Blanchett y Dench es el setenta y cinco por ciento del vendaval sentimental. Sin ellas Diario de un escándalo sería lo que no es, una excelente película de actrices de medio-largo recorrido sobre la profundidad escalofriante del pozo del deseo y los quiebros abyectos de esa cosa llamada amor.