
Breve sinopsis
A finales de los años 50 una mujer deja a un bebé abandonado en la puerta de una parroquia. Aproximadamente veinte años después ese niño es ya un joven que no esconde sus inclinaciones sexuales. Ante la indignación de su madre adoptiva desde pequeño le ha gustado vestirse de mujer y pintarse con maquillaje. Cuando le dicen que es adoptado se interesa por saber quién es su madre biológica. Decide salir del armario y convertido en un encantador travestí, marcha a Londres en su busca.Critica
El cine de Neil Jordan es cada vez más obtuso, cada vez más espeso e impenetrable. El irlandés es de esos directores con tendencia al manierismo en busca de una densidad estilística identitaria que le haga diferente al resto más por la forma que por el contenido, o quizá por el permanente propósito de sorprender desde lo estrafalario, desde lo extraordinario. En esa línea rupturista se manifiestan sus tres últimos trabajos: El fin del romance, El buen ladrón y este Desayuno en Plutón. Atrás queda el clasicismo fatalista, pero convencional al fin y al cabo, de Juego de lágrimas o Michael Collins, acaso las dos películas que mejor acogida han tenido entre crítica y público internacionalmente. Da la sensación de que su última película esboza un planteamiento, pero no un nudo y un desenlace, y es que las andanzas de Patrick "Kitten" Braden, un travesti cohibido por el recelo social de la Gran Bretaña de los sesenta, no encierran tanto misterio a juzgar por las excesivas dos horas y cuarto de metraje de esta adaptación de la novela homónima de Pat McCabe. Jordan está enamorado del personaje, y se nota, pero no tiene historia a la que agarrarse. Fascinado por la singularidad del sufrido individuo en cuestión, el cineasta irlandés descuida el desarrollo de sus peripecias confiando en el carisma, incontestable, del personaje. Lo cierto es que por excepcional que resulte el sujeto de la fábula, Desayuno en Plutón es una de tantas películas que reivindican el valor de la diferencia y el legítimo derecho a ser lo que a uno le parezca sin tener que dar explicaciones al prójimo. Lejos de los destellos llamativos de semejante atropellada existencia, la cinta camina en círculos y cojea porque, a pesar de la fachada, las líneas maestras de la rebeldía son absolutamente convencionales. La pimienta la pone Cillian Murphy, que sonó como "candidatable" al Oscar y que encaja con la solvencia de costumbre los riesgos de un papel al que muy pocos actores se atreverían a hincarle el diente. Su buen oficio es el tesoro de esta irregular comedia dramática, exageradamente irregular que acusa los agujeros de un guión que mima mucho al personaje protagónico pero que descuida el atrezo y la fluidez narrativa. Desayuno en Plutón no hace justicia al acreditado don de Jordan para retratar vidas excepcionales a pesar de que, a priori, los mimbres parecían jugosos. Dispersa, a ratos directamente tediosa, es el segundo patinazo consecutivo del director de En compañía de lobos. Quien sabe si la ocasión para redimirse será su próximo proyecto: The Brave One. Se echa ya de menos al gran Neil Jordan, el de Desayuno en Plutón es una sombra.