
Breve sinopsis
La bella Jungle Julia se ha convertido en la dj de moda en la ciudad de Austin. La noche es su territorio y disfruta de ella junto a sus despampanantes amigas Shanna y Arlene. Acostumbradas a ser siempre el centro de las miradas masculinas, las chicas no saben que esta vez están siendo vigiladas por un sanguinario asesino. Se hace llamar Stuntman Mike y maneja su vehículo como si de de un arma de matar se tratara. Sus víctimas, mujeres hermosas y despreocupadas que desconocen su cruel destino.Critica
La retórica referencial tarantinesca que invita a reformular las jerarquías ´art house´ y a invertir el orden piramidal que sistematiza la interpretación despectiva del subgénero como cajón de sastre de una indigencia cinematográfica irrelevante, adquiere en "Death Proof" visos de resistencia representativa. Tarantino deconstruye las coordenadas populistas del cine-basura reprobando la unidireccionalidad del análisis institucionalizado del cine-arte como laboratorio de vanguardias elitistas explorando la viabilidad de una metamorfosis trivializada del cine solemne. Más que nunca el director de "Reservoir Dogs" desguaza los rudimentos del cine de cloaca, explorando la posibilidad de un cine de autor autónomo más allá de las imposiciones formales del género. En "Death Proof" la parafernalia ´trash´, la arqueología del otro cine, la mecánica speedica de las ´car movies´ y la secuencia dinámica del psicópata grindhouse operan a modo de interludios furibundos en la geografía de de un artilugio cien por cien tarantiniano en el que el cineasta de Tennessee sublima la demolición de las convenciones del género instrumentalizando la promesa de acción desatada para replegarse sobre sí mismo y reivindicar orgulloso su pedigrí de autor posmoderno.Dichos interludios canalizan la soldadura de un puñado de secuencias y planos-secuencia eminentemente discursivos en los que Tarantino lleva al extremo su modelo de narrativa verbalizada dando un paso más en relación a "Reservoir Dogs" y "Pulp Fiction", sus dos películas más dicharacheras hasta la fecha. Las mujeres-macho de Tarantino vislumbran su cenit después de los avisos de "Jackie Brown" y "Kill Bill" y sujetan en torno a sus impertinencias, sexualmente invadidas (si bien sólo simbólicamente) por un matarife ´on the road´ con los rasgos de Kart Rusell. "Death Proof" esboza su personalidad en esa sacralización canalla de la conversación, en la apología del diálogo que, curiosamente, parece romper la agilidad estructural del juego slasher. Nada más lejos de la realidad, Tarantino es Tarantino y si acaso es el juego slaher lo que disturba la continuidad discursiva del ovillo dramático-festivo. En ese sentido Tarantino se autopromociona más que nunca hasta ahora advirtiendo de que su arte está muy por encima del esqueleto genérico que haya decidido asumir como convención o contenedor de sus anhelos estoicos.Por todo ello es un error de bulto presentar su última película como un Tarantino menor o un divertimento transicional, bien al contrario y más allá de lo que sugiere un vistazo superficial al escaparate del producto, "Death Proof" es, como ejercicio de estilo o película identitaria, una propuesta tan porosa y representativa del ADN de su autor como puedan serlo "Kill Bill" o "Pulp Fiction", ambas consideradas obras mayores en la hoja de servicios del director. He ahí donde radica el valor encomiable de una cinta, por lo demás, brillante en su engranaje estructural, discontinua en la gestión de la adrenalina dramática pero espejo al fin y al cabo del prolongado triunfo de un iconoclasta en ebullición que se sabe reinventor del arte y ensayo palomitero y que vuelve a merecer, una vez más, ovaciones por la rotundidad escénica de la cinta, que se carga todas las leyes elementales de la cinética cinematográfica sin que uno se atreva a ponerle un solo pero, tal es la magnitud histriónica de de sus adictivas imágenes.Entre tanto Kurt Rusell se lo pasa en grande sembrando el terror en secundarias carreteras nocturnas para recoger los frutos de sus pecados en una secuencia final de adrenalina automovilística y ojo por ojo absolutamente superlativa, subiéndose al tren de malos masculinos memorables tarantinianos a los que las chicas, guerreras ellas, dan escarmiento antes o después, sea Pam Grier, Uma Thurman, o la pandilla de Zoe Bell, a la que Tarantino brinda su momento de gloria después de doblar a La Novia Thurman en las secuencias más rotundas de la ejemplar "Kill Bill".