De latir, mi corazón se ha parado

Director: Jacques Audiard
Intérpretes: Romain Duris, Aure Atika, Emmanuelle Devos, Linh Dan Pham, Niels Arestrup, Jonathan Zaccaï, Gilles Cohen
Título VO: De battre mon coeur s¿est arrêté
Género: Drama
Año de producción: 2005-06-29 12: 17: 56.0
Productora: Canal+, France 3 Cinéma, Why Not Productions, Sédif Productions
Guión: Jacques Audiard, Tonino Benaquista
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Stéphane Fontaine
Duración: 107


Breve sinopsis

Tom ve que su futuro está encaminado a seguir los pasos de su padre en el sórdido y brutal negocio de los bienes e inmuebles. Pero en el fondo, lo que él de verdad desea, es convertirse en un pianista de talento, como lo fue su madre. Un encuentro casual le lleva a creer que puede conseguirlo y comienza a prepararse para una audición con una virtuosa pianista china que no habla ni una palabra de francés. Pero las presiones que recibe en su trabajo diario le colocan en una situación insostenible.

Critica

Fingers fue una de las puntas de lanza del independentismo setentero. En una industria totalmente en manos de los directores la independencia, por extrema, era directamente un salto al vacío en el Hollywood más independiente de la historia, en ese Hollywood en que las majors habían comenzado a operar como productoras cuasi alternativas con todo el poder para el realizador. James Toback estaba fuera de esa autovía-espejismo que duraría lo que un bollo a la puerta de un colegio. Objeto de culto de la intelectualidad americana y europea, llamó poderosamente la atención de un cineasta francés en ciernes, Jacques Audiard, al que un puñado de años después el productor Pascal Caucheteux propuso poner en imágenes su remake soñado. Audiard eligió Fingers cambiando gángsters por agentes inmobiliarios, que vienen a ser sinónimos de un tiempo a esta parte, y a Harvey Keitel por Romain Duris. El resultado es este De latir mi corazón se ha parado, que comparte líneas maestras con el original pero que goza de la suficiente autonomía para despegarse de la sombra alargada de su modelo. Audiard propone un zoológico de miserables, de caníbales del asfalto, aves carroñeras que se nutren de la desgracia ajena para salir adelante. Película, por ello, incómoda, indigesta de puro despiadada, nihilista sin concesiones, que propone un espeluznante retrato de vilezas humanas, de lobos devorando lobos siguiendo los accidentados pasos de un despreciable altoburgués forrado a costa de torturar al prójimo, con la conciencia hibernando en espera de tiempos mejores. Audiard retrata con bisturí un puñado de humanidades tangibles, un microcosmos selecto de hienas y sabandijas extrapolable al ámbito que uno quiera. Un relato potente, de personajes profundamente antipáticos, individuos despreciables con los que es imposible empatizar, y que precisamente por eso no será plato de buen gusto para cualquiera. Sin embargo la sordidez de la jauría es precisamente el punto fuerte de un filme que dibuja las líneas maestras de una redención. Es la redención, una vez materializada, la que resta lo que hasta entonces sumaba. El desenlace parece más propio de un melodrama hollywoodiense que de una patada en la yugular en forma de película. Audiard abandona a su antihéroe en el apogeo de su miseria, aún cuando ha logrado curar heridas y enterrar perfidias, en el que hubiera sido probablemente el final abierto propicio. En vez de eso obsequia con una elipsis que omite demasiadas cosas demasiado importantes para recuperar la efigie de Tom (espléndido Romain Duris) en su nuevo futuro habiéndose zafado de pesadas cadenas pero de una u otra forma derrotado nuevamente con la piel mudada, eso sí. Es esa zanja el lastre de una película intensa y la mitad de caprichosa que Lee mis labios, la penúltima película de Audiard, que no sabe cerrar el círculo y que por eso deja agridulce en boca.


CDNSearch