Days of Glory

Director: Rachid Bouchareb
Intérpretes: Jamel Debbouze (Saïd), Samy Naceri (Yassir), Roschdy Zem (Messaoud), Sami Bouajila (Abdelkader), Bernard Blancan (Martinez), Mathieu Simonet (Leroux), Benoît Giros (capitán Durieux), Mélanie Laurent, Antoine Chappey (coronel)
Título VO: Indigènes
Género: Drama
Año de producción: 2006-06-29 12: 34: 32.0
Productora: France 3 Cinéma, France 2 Cinéma, Studio Canal, Tessalit Productions, Kiss Films, Taza Productions , Tassili Films
Guión: Rachid Bouchareb, Olivier Lorelle
Música: Armand Amar, Cheb khaled
Fotografía: Patrick Blossier
Duración: 120


Breve sinopsis

En 1943, cuatro inmigrantes de origen magrebí se alistan en las filas del ejército francés para luchar contra la ocupación nazi. Saïd, Abdelkader, Messaoud y Yassir nunca habían estado en Francia, pero la necesidad les lleva a enrolarse en un batallón con más de 130.000 indígenas. Lograron grandes batallas y tuvieron que enfrentarse al ejército alemán en la defensa de una aldea alsaciana. Además sufrieron la intolerancia y el racismo de sus compañeros, sus superiores y sus supuestos aliados.

Critica

Days of Glory es un homenaje, sí, a los contingentes magrebíes que se partieron la cara por el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial, pero también la instantánea de una paradoja atroz: la de un puñado de hombros mancillados por la historia, un engendro perverso del imperialismo colonial, espejo diáfano de la vergonzante asimetría del proceso de dominación capitalista: un puñado de infelices arrastrados por la marea de un conflicto planetario a la defensa de la bandera metropolitana, la del conquistador, el emblema del sometimiento falazmente moral: usar y tirar, tal era la actitud de las grandes potencias coloniales para con sus súbditos tercermundistas, escondidas en la oprobiosa mentira de la misión civilizadora, cuando el quid de la cuestión era desangrar la materia prima hasta el límite mismo de su capacidad. Los regimientos norteafricanos se enrolaban en defensa de la bandera de una idea inmoral y anacrónica, por aquel entonces, de imperio, y a cambio obtenían desprecio y olvido.El milagro de esta película es que poniendo el grito en el cielo ha conseguido la tramitación un milenio después de una ley que prevé la subida de las pensiones correspondientes a los veteranos de guerra magrebíes, ése y el de apelar a la memoria histórica, el de desacreditar la amnesia occidental con el testimonio conciliador y no demagógico de la deuda en cuestión. Rachid Bouchareb despliega todos los mimbres estructurales y sentimentales del cine bélico de denuncia, del antibelicismo didáctico desde los pormenores de un lenguaje de masas, que abunda en las paradojas morales de la discordia sin despreciar la mecánica tradicional del espectáculo balístico, de fuego cruzado, sublimado en el climax en la aldea alsaciana, en la apoteosis defensiva de cuatro valientes defendiendo con sus pellejos la bandera francesa ante el sitio de una avanzadilla nazi infinitamente más numerosa. Days of Glory estruja desde una estremecedora contención la liturgia clásica de la épica guerrera, rindiendo culto los códigos elementales del gran cine bélico contemporáneo desde la legitimidad de un mensaje incendiario que cuestiona la instrumentalización infame del hemisferio sur a cuenta de las grandes economías de la tierra de abundancia y las anomalías desafinantes de las relaciones entre el desarrollo y el subdesarrollo.Bouchareb deja cojos a algunos de sus protagonistas a costa de la velocidad punta y la entrada en faena sin calentamiento del primer acto. Una vez superado el escollo de la defectuosa exposición del planteamiento, Days of Glory coge carrerilla e impone la demoledora relevancia de su discurso ético y político desde la fluidez modélica de una narración clásica de vidas ejemplares en el infierno. Funciona el alegato anti-amnesia de Bouchareb en términos de representación furibunda de un soberbio espectáculo de pólvora y trincheras, y, lo más importante, en términos de queja formal por la ocultación de una verdad incómoda, que viene fatal a los que alimentan el mito impresentable, reduccionista y marciano de que el primer mundo no tiene cuentas pendientes con el tercero, que se buscó la ruina por cuenta propia dándose cabezazos contra la pared y desangrándose por generación espontánea.


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