Corrupción en Miami

Director: Michael Mann
Intérpretes: Colin Farrell, Jamie Foxx, Gong Li, Naomie Harris, Ciarán Hinds, Justin Theroux, Barry Shabaka Henley, Luis Tosar, John Ortiz, Elizabeth Rodriguez
Título VO: Miami vice
Género: Thriller
Año de producción: 2006-06-29 12: 23: 12.0
Productora: Forward Pass, Universal Pictures
Guión: Michael Mann
Música: John Murphy
Fotografía: Dion Beebe
Duración: 134


Breve sinopsis

La investigación del asesinato de dos agentes federales y la muerte de una familia lleva a los oficiales Crockett y Tubbs a enfrentarse a una hermandad de brutales asesinos y a una red internacional de traficantes. Durante su misión se encontrarán con Isabella, una hermosa mujer que se dedica a negocios de blanqueamiento de dinero con la que Crockett mantendrá una relación más allá de lo profesional. Y tendrán que trabajar de incógnito, moviendo droga al sur de Florida, para resolver el caso.

Critica

Bajo los cielos turbios de un Miami eternamente húmedo y a tropecientas revoluciones por minuto, en noches interminables entre garitos, casinos, neones de posmodernidad y un hedor a asuntos sucios que tira de espaldas, se mueven Sonny Crockett y Rico Tubbs que ya no son tan horteras como entonces pero que siguen caminando con la barbilla erguida más chulos que un ocho conscientes de ser los tipos más duros del lugar. Esas noches de aire viciado y conspiraciones interétnicas lucen con una expresividad tajante, estridente y arrolladora en la cámara de alta definición de Michael Mann. El director de Heat enfrasca y enfatiza el aire, las mismas texturas tangibles de la atmósfera en la que las víboras del narcotráfico buscan los agujeros negros del sistema para picar, en la que dos policías de una pieza tratan de poner cerco al asedio de los empresarios del crimen. Mann ha optado por el camino más sabio: eludir visiones de conjunto, homenajes, ejercicios de nostalgia e ir directamente al grano obviando presentaciones (quizá el único pero de este excelente producto) y adaptando un solo capítulo de la memorable teleserie buscando una identidad narrativa perfectamente estructurada y decididamente autónoma con cabeza y cola y sin guiños indescifrables al fan irredento del icónico serial. Corrupción en Miami es una cinta de acción al uso que deja de ser tal en manos de uno de los mejores compositores de imágenes del cine norteamericano contemporáneo. Michael Mann dignifica el cine de género mimándolo como se mima a los géneros mayores, reestructurando los mandamientos del neo-noir y especulando, hasta las últimas consecuencias, con el feeling entre imagen y sonido, retratando silencios y psicologizando estereotipos del cine de polis y sociópatas. En manos de un artesano de tres al cuarto Corrupción en Miami sería un compendio de lugares comunes del cine de narcos, sin embargo Mann matiza las limitaciones argumentales de un guión estructuralmente impecable, inmortalizando la erótica de una urbe de mil contrastes, donde las fronteras del crimen y la legalidad son ínfimas. Y lo hace a través de un espectáculo visual de esos que sólo están al alcance de un puñado de elegidos, retratando la densidad agitada de un universo de lobos en el que sólo sobreviven los más fuertes agarrándose, no obstante, como clavo ardiendo a la utopía turbadora de unos ojos femeninos. A Mann le apasionan las fronteras entre el crimen y los castigadores: Crockett y Tubbs -impecables Colin Farell y Jaime Foxx- son , en ese sentido, dos criaturas hijas de su padre, habitantes del filo del abismo entre esos dos mundos y pisando los dominios de uno y otro sin torcer el semblante. Corrupción en Miami bien podría componer una trilogía referencial con Heat y Collateral sobre esas lindes intransitables para el común de los mortales, los dominios en que los dos lados de la ley se miran a los ojos, se cortejan y se destruyen. Un thriller eléctrico e hipnotizante con estruendosa personalidad que no da tregua, que se devora por la irresistible sensualidad de sus formas, de sus facciones, quizá más potente en continente que en contenido, pero brillante por su relectura de los cánones de un género que ha encontrado en Michael Mann a un salvador, a un embajador en posesión de uno de los lenguajes cinematográficos más seductores del nuevo milenio.


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