
Breve sinopsis
Afganistán estaba al borde de la guerra civil cuando los pequeños Amir y Hassan eran amigos inseparables. Pasaban el día jugando y volando sus cometas hasta que una inesperada traición provocada por el miedo, terminó con su relación. Después de 20 años, Amir se ha convertido en un ciudadano de pleno derecho en Estados Unidos, pero cuando se entera de que el hijo de su amigo está en peligro, decide regresar al convulso Afganistán de los talibanes. Es hora de que Amir repare el daño que hizo.Critica
"Cometas en el cielo" está muy lejos de ser una película política (en el más amplio sentido del término). Lejos también de enfilar la ruta del contradiscurso que ha asumido la práctica totalidad del cine occidental sobre Irak-Afganistán, contestatario y tocanarices, revisionista e impertinente, la propuesta de Marc Forster, que no comulga con la sociología panorámica imperante ni con la radiografía moral en perspectiva, representa la versión más académica de lo que llamaremos fiebre medioriental. Enuncia un discurso inequívocamente complaciente, ejemplarmente conciliador que presupone la posibilidad deseable de un escenario de encuentro oriente-occidente neutro, que incorpora e importa lo más noble de la tradición étnico-cultural del denostado frente afgano-iraquí, con una sonrisa de gratitud, cantando las bondades de la aculturación y estableciendo el horizonte de un ideal integrador, esos sí, unidireccional. Es decir, que los buenos afganos, huidos de la sinrazón y la barbarie soviética y talibán, se refugian, en un ejercicio de integración perfecta, en las bondades de cuento de la democracia norteamericana sin ceder un ápice de su identidad humana y cultural. Ése, a grandes rasgos, es el escenario modélico (y en ese sentido artificioso) que ejerce de contrapunto al cinismo desencantado imperante en el cine del Hollywood liberal y, por tanto, de rayo de luz en el corazón (nunca mejor dicho) de la citada fiebre cinematográfica medioriental."Cometas en el cielo" es siempre coherente consigo misma, nunca se traiciona porque nunca oculta su condición de complemento melodramático al fenómeno, de saga familiar blanca, mórbida y monocroma. Desde las tonalidades claras y sin matices de una fábula heroica, blanda pero no blandengue, Forster aborda la perspectiva en miniatura renunciando a las lecturas aglutinantes y a las fotografías globales de grupo. Su dicotomía oriente-occidente es de libro. Su Afganistán talibán un concentrado de lugares comunes. El relato bascula entre la luz de una utopía occidentalizante, la inmensa generosidad acogedora de Estados Unidos para con los débiles, y la oscuridad profunda, impenetrable y aparentemente irreversible (es ésta la historia de una familia enteramente afgana que acaba mutando en otra enteramente norteamericana) de ese pozo de almas perdidas que es el Afganistán de los últimos veinte años (según Forster)."Cometas en el cielo" es un best-seller literario y su alter ego fílmico camina por el mismo lado de la cuerda. Más allá sin embargo de las discutibles lindes "políticas" de la propuesta, y de algunas convenciones literarias que en lenguaje cine no funcionan (el personaje del malvado delincuente juvenil que desencadena la tragedia y que reaparece a la fuerza reconvertido en ortodoxo talibán), la película de Forster toca fibra y hace mella en públicos sentimentales. Muy bonita, demasiado, muy entrañable, también demasiado, factura impecable (mención de honor para la fotografía y la soberbia partitura de Alberto Iglesias) y cantidad (demasiada) de corazón y buenísimos sentimientos, "Cometas en el cielo" vale poco como espejo del Afganistán de las últimas décadas, pero la textura del melodrama, del cuento y la moraleja, su encendido canto al amor fraternal en torno (y ése es su mejor activo) a un puñado de personajes honestamente imperfectos, tiene su aquel.