
Breve sinopsis
Dos policías de la FRAT (Táctica y Asalto en Primera Respuesta) llevan a cabo una redada en la que requisan un alijo de droga, armas y dinero en efectivo a dos matones. Por la resistencia de uno de ellos se produce un tiroteo en el que uno de los policías mata a uno de los delincuentes. Al que queda vivo los agentes le obligan a asumir el asesinato de su compañero. Un periodista se entera de lo sucedido y hará todo lo posible por sacarlo a la luz.Critica
Los polis malotes y corruptos están muy vistos. Las malas calles tomadas por fuerzas del orden de dudosa catadura moral son un sujeto tan recurrente en el cine de acción reciente que ya cansa. Ciudad sin ley se apunta a ese filón aplicándose bien los manuales más estereotípicos del subgénero, aspirando a ser una suerte de Copland de segunda mano y con cimientos argumentales de escasa consistencia. Morgan Freeman y Kevin Spacey despistan, porque lo último del televisivo David J. Burke es carne de cañón para una velada de DVD sin pretensiones. Su Ciudad sin ley se estrenó directamente en formato doméstico en Estados Unidos y, vistos los resultados, poco más merece un producto tan sobrealimentado de lugares comunes, que quiere ser un thriller maduro, que renuncia a las pirotecnias del cine de acción más facilón, pero que no sabe conquistar una identidad propia. Cine de policías rutinario, unidimensional y víctima además de una puesta en escena anodina, sin credenciales, incapaz de aprovechar el juego que su reparto podría ofrecer. Pero en ese sentido una es de cal y otra de arena, porque al oficio de Freeman y un Spacey acomodado en sus tradicionales tics, refugiándose así de las insuficiencias clamorosas del guión, contestan con un recital de monolitismo inexpresivo LL Cool J y un Justin Timberlake aún muy verde. Quien busque jaleo, tiroteos y persecuciones de molde se ha equivocado de sitio, quien busque un policíaco maduro, crepuscular y políticamente denso tampoco está de suerte. Las cloacas de Edison, la ciudad sin ley del título, son de cartón-piedra, y los conflictos existenciales de sus personajes no incitan sino olímpica indiferencia. Un cine muy ramplón para espectadores muy poco exigentes que se conforman con una sesión de déjà vu con tres o cuatro rostros mediáticos. Pero de entre todos los agujeros y arquetipos clama al cielo el personaje de Piper Perabo, la novia del protagonista, herida de muerte tras una paliza, desaparece en mitad de la función, a su chico le resbala su destino y lo que es peor: al guionista también.