
Breve sinopsis
La vida de Kathy Nicolo (Jennifer Connelly) es un verdadero desastre. Su marido le abandonó hace ocho meses porque ella quería tener hijos y él no, y su padre murió hace unos meses. Lo único que pudo dejarle a ella y a su hermano es una casa al lado del mar. Ella trabaja como limpiadora, y su sueldo es muy pequeño. Y lo único que le faltaba es que por culpa de un error burocrático, recibe una orden de deshaucio para que abandone la casa.Critica
William Goldman dijo en una ocasión: "De un buen guión podremos obtener una mala película, una película mediana o una buena película; de un mal guión sólo podremos obtener una mala película". Para cualquier director primerizo, encontrarse con un material de primera magnitud como el que nos ofrece André Dubus III es casi una bendición. Una de esas oportunidades que no aparecen muchas veces en la vida de todo aquél que pretenda ser alguien en la industria del cine. Y Vadim Perelman la cogió al vuelo, y nunca mejor dicho, puesto que compró la novela en un aeropuerto. Tal no sea por casualidad que Dubus sea hijo del fallecido autor de la novela en que se basaba "En la habitación", un texto que también se acercaba a un drama familiar de tintes shakesperianos. El director y guionista ha aportado una buena dosis de talento para sacar adelante esta película que nos narra en clave de reflexión pesimista hasta dónde ha llegado el ser humano. "Casa de arena y niebla" nos demuestra que son nuestros anhelos y no nuestros odios los que dividen a los seres humanos, aunque son esos anhelos los que se vuelven contra ellos mismos. Aquí el drama viene, principalmente, de la mano de dos personajes que buscan un hogar, el lugar en el que existen unos recuerdos imborrables, en el caso de Kathy, o en el que esperar una vida mejor. Aunque en el fondo lo que quieren es vivir. Dos personas fracasadas, perdedoras que buscan en esa casa la oportunidad de seguir adelante, cada uno a su manera. Lo cierto es que no es una historia de buenos y malos, arroja luces y sombras sobre los protagonistas, que tienen sus razones para actuar tal y cómo lo hacen. La injusticia de alguien que es deshauciado sin motivo es comprensible, como también lo es que una persona quiera dar a los suyos lo mejor. Gran parte del buen resultado final se debe al magnífico trabajo de sus dos actores principales: una Jennifer Connelly a la que en un principio cuesta ver en un papel así, pero que después de ver y reflexionar el filme no quedan dudas sobre la validez y la fuerza de su trabajo. Y ahí está, sobre todo, Ben Kingsley, un intérprete al que tal vez la fama le llegó demasiado pronto a un actor como Ben Kingsley: pocas veces se ha visto que un intérprete, en su primer trabajo para el cine, consiguiera un Oscar. Y más todavía si era dando vida a un personaje histórico como Gandhi. Al menos él ha tenido más suerte que F.Murray Abraham, que también consiguió el Oscar con su primer protagonista dando vida al insidioso Salieri de "Amadeus", y al que la suerte no le ha acompañado. A nivel visual, Perelman cumple con creces, a pesar esos molestísimos -al menos lo son para este cronista- insertos acelerados con puestas de sol y nubes pasajeras. La película también hace plausible el choque de culturas, la árabe y la estadounidense. Y es que en el fondo se trata de un filme sobre el sueño americano, aunque tal y cómo están las cosas en el mundo en que vivimos, éste resulte ser sólo eso, un sueño.