
Breve sinopsis
En un salón de belleza de Beirut, varias mujeres encuentran el lugar ideal para liberarse y compartir sus preocupaciones. Layal se debate entre sus convicciones tradicionales y su amor prohibido, Nisrin va a casarse y no sabe cómo esconder que ya no es virgen y Yamal tiene pánico a envejecer desde que su marido la dejó por una jovencita. Allí conocerán el sacrifico de amor de Rose, la entrañable locura de Lili y el secreto de Rima, que no puede evitar sentirse atraída por una misteriosa mujer.Critica
Lo de "Caramel" no es sino la aplicación en piloto automático de una fórmula matemática comodín: exotismo + romanticismo cómico + sensualidad culinaria = éxito internacional de público. Y efectivamente a Nadine Labaki la jugada le ha salido redonda. Su única variación respecto al esquema es la reubicación del aliciente culinario en el contexto de una peluquería. Lo demás es la enésima reproducción de una rutina narrativa de piñón fijo populista y con un punto de demagogia.Lejos de ser una comedia costumbrista, "Caramel" dibuja un Beirut de cartón-piedra, foco y epicentro de convergencia de un puñado de pasiones en conserva, intercambiable por cualquier otra ciudad de cualquier otro lugar matizada por despersonalización del contexto o, a lo sumo, por desmesurada folclorización, en aras de un maridaje sin fisuras con la fórmula y el corsé. Labaki apuesta por un esquema de comedia romántica internacionalmente vendible, cuya identidad reside precisamente en la pérdida de la identidad como instrumento de integración en un cine sólo estratégicamente exótico y de encantadora impostura. Primera incursión tras las cámaras de una mujer, Labaki, nacida con la cámara pegada al hombro, "Caramel" despega desde la ubicación de un puñado de arquetipos femeninos y, en menor medida, masculinos, en torno a un meeting point, la peluquería, que ejerce de cruce de caminos de las diferentes subtramas, una fábula moderna y con exceso de caramelo que huye del estereotipo oriental para, paradójicamente, rendir culto al occidental.Labaki procede a presentar a sus entrañables (por decreto) personajes, a dibujar sus estandarizadas derrotas con brocha gorda, a bosquejar sus anemias sentimentales. Luego se enamora de ellos, se gusta en la ilustración de sus entrañables miserias y se le va el santo al cielo, se olvida de que se espera de ella que cuente una historia. El resultado es una película estructuralmente anómala, que no tiene tres actos sino uno solo, ensimismada y encantada de haberse conocido, con planteamiento y desenlace pero sin nudo. Muy vendible, no obstante, su espejismo exótico y, sobre todo, el muy buen hacer de sus actrices (todas). Muy vendible, digo, por estos lares porque si algo demuestra Labaki es que sabe cómo hacer una película de"allí" para que guste "aquí", aún a costa de volar su identidad por los aires en el camino. Lástima de sirope de caramelo.