Candy

Director: Neil Armfield
Intérpretes: Heath Ledger (Dan), Abbie Cornish (Candy), Geoffrey Rush (Casper), Tom Budge (Schumann), Noni Hazlehurst (Sra. Wyatt), Tony Martin (Sr. Wyatt), Roberto Meza Mont (Jorge), David Argue (Lester)
Título VO: Candy
Género: Drama
Año de producción: 2006-06-29 12: 36: 55.0
Productora: Renaissance Films, Paradigm Hyde Films, Film Finance Corporation
Guión: Luke Davies, Neil Armfield
Música: Paul Charlier
Fotografía: Garry Phillips
Duración: 108


Breve sinopsis

Candy, bella y joven pintora y Dan, dulce y antiguo poeta, están locamente enamorados y los dos jóvenes amantes se han entregado el uno al otro completamente. El ansia de vida lleva a Candy al extremo de la cordura. Dan, consumidor de heroína, deja que ella se sumerja en su mundo. Los dos encuentran en la droga un camino de placer ilimitado y Candy vende su cuerpo para poder mantenerse en ese paraíso. Cuando la adicción logra dominarles, se dan cuenta de que han perdido lo que habían encontrado.

Critica

Candy es, ni más ni menos, aquello que su dúo protagonista es capaz de dar delante de la cámara a expensas, eso sí, de una puesta en escena eficiente y con capacidad de adaptación a las circunstancias. Y he ahí que emerge el talento ya testado en Brokeback Mountain de Heath Ledger y el de la desconocida Abbie Cornish que desde una fragilidad hiriente y contagiosa acapara toda, o casi toda, la luz que la película es capaz de dispensar. Candy es una película de actores, en los rostros eficientes de Ledger y Cornish empieza, bascula y muere un drama que quiere ser, o no sabe ser otra cosa que, un hermano feo del Réquiem por un sueño de Darren Aronofsky.La distancia la propone la filosofía del acercamiento al infierno del toxicómano, y Neil Armfield apuesta sin pudor por el filtro melodramático y, en tal sentido, complaciente, de una odisea de destrucción que, justo es decirlo, ya encierra de por sí abundante miga tremendista. Candy es una cinta cincelada con discreta solvencia, que sabe explotar el potencial dramático de sus actores, pero que asume una limitación insalvable: su militancia en los estereotipos subterráneos de las drogas. La cinta de Armfield es el retrato de un descenso vertiginoso a los infiernos, una inmersión en las fauces irrespirables de la oscuridad a cuenta de dos artistas malditos de salón. Ledger y Cornisa son poeta y pintora destruidos por la adicción como mandan los cánones, sin asomo de diferencia o novedad en el periplo demencial de la degradación gota a gota. Candy no cuenta o no sabe contar nada nuevo, no sabe trascender a la mecánica y al mensaje de tantas y tantas producciones del mismo pelaje, ni a la fisionamía blanda de un romanticismo maldito discutiblemente auténtico.Previsible, inevitable, de punta a cabo, incluso en la lectura de sus extremos más extremos, si algo revela esta irregular propuesta australiana es que el recital de Ledger a las órdenes de Ang Lee en Brokeback Mountain no era un espejismo y, quizá, el prometedor margen de mejora de un cineasta joven, Armfield, que se defiende contando una historia que, a estas alturas del curso, uno simplemente se pregunta si realmente merece ser contada.


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