Brokeback Mountain. En terreno vedado

Director: Ang Lee
Intérpretes: Heath Ledger, Jake Gyllenhaal, Linda Cardellini, Anna Faris, Anne Hathaway, Michelle Williams, Randy Quaid, Kate Mara
Título VO: Brokeback Mountain
Género: Drama
Año de producción: 2005-06-29 12: 15: 07.0
Productora: Focus Features, River Road Entertaiment
Guión: Larry McMurtry, Diana Ossana
Música: Gustavo Santaolalla
Fotografía: Rodrigo Prieto
Duración: 134


Breve sinopsis

Verano de 1963. En un pequeño pueblo de la América profunda, los vaqueros Jack Twist y Ennis Del Mar buscan trabajo. Los dos son jóvenes y tienen claro su futuro: casarse y tener hijos. Un ranchero local les contrata para pastorear en Brokeback Mountain, donde lo que empieza como una amistad se transforma en una atracción mutua y profunda. El tiempo y las convenciones sociales les separan durante años, pero tras cuatro veranos vuelven a reencontrarse y su amor sigue intacto y se ven en secreto.

Critica

La América de Brokeback Mountain es la América de los hippies, la de la revolución sexual y el grito en el cielo contra el avispero vietnamita, pero es también, y más que nada, la América profunda, la de los grilletes de un modelo rancio de moverse por la vida, la de un futuro congelado, una América de taxidermistas, coleccionistas de anacronismos y fósiles de una rutina tiesa y con solera, la del amanecer a cielo raso y el atardecer a la tenue luz de un fuego errabundo entre efluvios aromáticos de bourbon de dos perras gordas, coníferas del quinto pino y residuos orgánicos de fauna mansa. Brokeback Mountain es una elegía a la espartana rutina de un mundo atropellado por el progreso, un universo de hierro para tipos de acero, y de una cultura tan fascinante en la elementalidad de sus facciones como reaccionaria y complaciente con las mordazas emocionales del Pleistoceno. Ang Lee, experto retratista de outsiders e individuos mal avenidos con las reglas, de individualidades desbordadas empotradas en usos y costumbres de serie, liturgias colectivas, y socializaciones traumáticas, propone una mirada de destellos trágico-melancólicos al Oeste con mayúsculas, a su imposible reconversión y reciclaje, al conflicto relevante entre el viejo oeste, el del vaquero ejemplar y desconocido y toda su parafernalia ferozmente masculina, patriarcal e impermeable y la de un oeste nuevo donde el sombrero y las botas con espuelas no erosionen humanidad ni libertad de ser y estar al bendito y libre albedrío. Instantánea del final de una época, que se resiste feroz al ocaso, personalizada en el rostro meditabundo y derrotista de Ennis Del Mar (Heath Ledger), el último vaquero leal a los cánones, claudicante y desarmado por la pasión, amor, deseo inaplacable hacia otro tipo duro consciente del inútil absurdo de su resistencia y el impagable privilegio de poder amar y ser amado en idéntica aunque obstinada intensidad. Cine de exteriores en el que el paisaje incide en el drama tanto o más que los vaivenes sentimentales de estos dos trágicos amantes, conformando un campo semántico apabullante acerca de la primitiva y sincera fascinación mutua de los dos vaqueros, outsiders románticos de las convenciones Marlboro Country, (recital inesperado de un Ledger monumental, con un Gylenhaal que no le va a la zaga): el verbalismo del medio natural, del clima, su infinita capacidad expresiva, como en La tormenta de hielo o Tigre y dragón. Brokeback Mountain es un océano de soledades cruzadas, un imperio de silencio en que las palabras se rinden impotentes e incapaces de verbalizar lo inefable, una de las cintas románticas más estremecedoras del cine de ésta y otras décadas que evidencia, una vez más, la prodigiosa versatilidad de un Ang Lee capaz de beber el té a las cinco como un reloj, dejarse patillas sesenteras, o pasearse a caballo, lazo en mano, al abrigo de las imponentes montañas de un oeste evanescente. Y en ésas estamos, en una redefinición ultramoderna del western, extraido de sus atávicas raíces y semblanzas mitológicas. Brokeback Mountain es un western, si lo es, realista, de carne y hueso, no romantizado, sin winchesters, y sin una sobreinflada dimensión legendaria, un western plausible, más en la estética que en la ética, narrado corazón en mano con la sapiencia instintiva y el inmutable dominio de los tiempos que sólo los maestros lucen y manejan. Brokeback Mountain duele, implica, arrastra en un torbellino de humanismo paradisíaco desolado y desolador encogiendo entrañas y horadando sensibilidades de puro hermoso. En la crepuscular derrota de Ennis y Jack anida el fracaso universal de la libertad de ser, estar y padecer. Más simple imposible, más belleza cinematográfica tampoco. John Ford habría estampado su firma en el estremecedor plano conclusivo, souvenir de una llama prohibida, consumación del aciago e ingrato destino del lacónico Ennis Del Mar.


CDNSearch