
Breve sinopsis
Will, padre de familia, dirige una empresa de paisajismo en un barrio de Londres. Su estudio llama la atención de un gran número de ladrones. Un día, harto de sufrir continuos robos, persigue a uno de los jóvenes rateros hasta su casa. Para seguir investigando el delito, Will entabla amistad con Amina, la madre del chico. En seguida, Amina se da cuenta de que su hijo robó la oficina del arquitecto y sospecha de las verdaderas intenciones de éste. Vencida por el miedo, decide chantajearle.Critica
Aunque Anthony Minghella sigue habitando a la sombra de El paciente inglés, punto de inflexión en su carrera, obra cumbre y listón inalcanzable, para más señas, con Breaking and Entering sigue extraviado, El talento de Mr. Ripley y Cold Mountain mediante, en un laberinto sentimental que muta de forma y se viste o no de época, pero que tortura la errabunda resistencia de sus viajeros-emigrantes de pasado o presente. La última película de Minghella es tan dispersa o más que las anteriores, acusa la inconsistencia de un foco indefinido, de una profusa descripción de personajes que nunca acierta a definir un rumbo. El conflicto multiétnico, la panorámica de ese Londres políglota, clasista, donde coexisten malamente los abismos de la inevitable dicotomía inmigrantes-nativos, seduce en el hilo del alambre: Breaking and Entering es un drama de desequilibrios y atrezo inorgánico. Funciona el círculo vicioso que atrapa las vidas de Will/Jude Law y Amira/Juliette Binoche que, no obstante comienza a respirar y a cobrar cuerpo a destiempo, demasiado tarde, superando un socavón narrativo que adormece el drama durante la primera mitad de la cinta, pero hace aguas definiendo el conflicto secundario, vital en todo caso, que explicita las derivas matrimoniales de la pareja Robin Wrigt-Jude Law. Otra vez abusa Minghela de pretensiones, perfilando humanidades de carne y hueso, pero incapaz de desplegar una progresión dramática a la altura de sus arquetipos. Por todo eso su última propuesta es una experiencia, otra más, fallida. Jude Law y Juliette Binoche se acomodan en el registro estándar de su pasado reciente. El primero quizá por no acertar a asumir nuevos retos, estancado en el prototipo medioburgués con líos de faldas, y la segunda, por la sobredosis dramática de sus intervenciones de un tiempo a esta parte, entre mares de lágrimas, en las antípodas de la contención sofisticada que le dio la gloria. El ruido de fondo es eso, ruido, que entre altos y bajos coge carrerilla accidentada hacia un desenlace lleno de trampas, buenista e improbable, y, lo peor de todo, con muy poco recorrido. Breaking and Entering es ver y olvidar: gran reparto, un cineasta de prestigio y un globo con más aire del que es capaz de contener. Minghela anda poco diestro últimamente en su faceta de guionista: sus dramas son un frustrante quiero y no puedo, porque quieren ser grandes, gigantes, y no saben cómo ni por qué.