
Breve sinopsis
A finales de los 70, un matrimonio inglés viaja al norte de España con una pareja de amigos para pasar unos días en un caluroso verano. Su intención es disfrutar de unas tranquilas vacaciones en las que poder olvidarse de sus problemas conyugales. Sin embargo, la extraña desaparición de una niña y la incomunicación entre los matrimonios desemboca pronto en una confrontación cultural y clasista. El instinto de los cuatro por superar las adversidades desencadena una peligrosa espiral de violencia.Critica
Apoyado en soluciones escénicas tan manidas como eficaces, en un concepto de claustrofobia de espacios abiertos que incendia el crescendo con lo mínimo proponiendo lo máximo, la ópera prima de Koldo Serra es un estimable thriller rural a la estela, y ése es uno de sus hándicaps, de la ejemplar La noche de los girasoles, acaso la mejor película española del curso pasado. Serra realimenta el mito de las dos Españas, la de campo y ciudad, cebando los contrastes y asimilando las líneas maestras del mito de la España negra y profunda. Un enfrentamiento de sangre, con visos de colisión primitiva, entre el anclaje pleistocénico y demencial de la España de los pueblos, en su versión, todo hay que decirlo, más arquetípica, y aquella otra urbanita que busca en el mundo rural una balsa de aceite sobre la que poner coto al mundanal ruido. Serra no juega a ser original, pero sabe que tiene entre manos un obús narrativo que despliega con un ajustado sentido de la rítmica. Es tan fácil como que Bosque de sombras funciona desde su atávica elementalidad, sumida en sombras y claroscuros de segunda mano. A caballo entre un dramón con choque de civilizaciones al fondo, y un thriller psicológico prácticamente estándar, de grupo de amigos atrapados en una espiral de violencia generada por la sinrazón de un quinto pino a medio civilizar (no está tan lejos del cine norteamericano filoadolescente de giro al infierno), la propuesta descansa en la impecable gestión del suspense, en la elocuencia expresiva de la puesta en la escena, la violencia latente y no latente que va haciendo estragos sin prisa pero sin pausa (hay algo de Sam Peckinpah en la disección de la misma), y en un grupo de actores en estado de gracia, con alguna excepción, capitaneados por Gary Oldman, en las antípodas del histrionismo crónico que desde hace un puñado de años ensucia su excelente oficio, y Lluis Homar, un villano con entrañas y en tres dimensiones. Comprometen la cohesión del conjunto algunas muletillas genéricas de manual y la omnipresente sensación de que no se cuece nada nuevo bajo el sol. Pero no es menos cierto que Koldo Serra es un debutante que no parece tal y que su Bosque de sombras te agarra a las primeras de cambio y ya no da oxígeno hasta la irrupción de los títulos de crédito.