
Breve sinopsis
Jeanne Charmant Killman es una juez de orígenes modestos que es elegida para instruir un escándalo de malversación de fondos. Lo que en principio parece un caso más de corrupción, se complica cuando un importante ejecutivo es acusado. Según avanza la investigación y va conociendo detalles del entramado, la magistrada es consciente del poder que está adquiriendo y comienza a utilizarlo en función de sus intereses. Sin embargo, está a punto de poner en peligro lo más importante: su vida personal.Critica
Chabrol sigue manteniendo admirablemente el tipo lustros después, y el nivel medio de sus películas es ciertamente notable, quizá Borrachera de poder, como La dama de honor, La flor del mal o Gracias por el chocolate anden lejos de los logros narrativos de sus mejores cintas, pero el rigor de su imperturbable esquema escénico, la simbiosis prodigiosa entre comedia, drama y thriller que delatan sus últimas películas, casi con idéntico vigor que sus obras de madurez, revelan la coherencia ejemplar de un perverso cuentacuentos, cartesiano conocedor de los vericuetos más infames del alma humana, humanista de pro, cínico observador del contraluz menos presentable de la misma y cómico insobornable de alta escuela, de esos marcianos contemporáneos que no asumen sistemáticamente la idiotez del respetable.Borrachera de poder es un Chabrol menor, pero un Chabrol hasta la médula ósea, observador equidistante y malicioso de las artimañas de dominación, la tóxica tentación del poder y las luces y las sombras de villanos que no son tan villanos y justicieros que tampoco lo son tanto. Formidable estudio de personajes, laboratorio de vanidades, la última cinta de Chabrol es, como siempre, una mirilla clandestina desde la que observar acción-reacción, causa-efecto cuando las situaciones límite exigen a sus desdichadas criaturas revelar el lado oscuro de sus pasiones. Es muy posible que la panorámica de las altas cumbres políticas, financieras, ponzoñosas y muy poco recomendables, sea más una colección de esbozos que rara vez exprimen la magnitud completa que sugiere su potencial. Chabrol se gusta con los retratos, sublimes como casi siempre, definiendo en profundidad la humanidad renqueante de todos sus personajes, principales y secundarios, pero el bisturí sólo interviene de vez en cuando, y la sátira sobre la corrupción y el pérfido poder, inspirada en los avatares vergonzosos del caso Elf, apunta pero no dispara, o lo hace sólo con balas de fogueo.En la balanza surtida de los pros, la excelente maduración del tempo, la agilidad expositiva, el magisterio en la gestión de las elipsis y la impagable mordacidad de los diálogos. También, claro, la prestación de la siempre excelente Isabelle Huppert que baila con la más guapa poniendo voz a un personaje de esos por los que las grandes actrices suspiran.