
Breve sinopsis
Benito es un camarero muy aficionado al jazz que se ve obligado a abandonar Madrid para regresar a Estella, su pueblo natal. Allí le espera su hermano Lalo, un buenazo que ha pasado su vida ayudando a los demás. Cuando Lalo le cuenta a Benito que tiene novia, éste se alegra, pero sus sensaciones cambian al enterarse de que la afortunada es Nines, una madre soltera a la que recuerda de sus juergas juveniles. Benito se propone romper la relación hasta que conoce a Ainara, la rebelde hija de Nines.Critica
Sin ser quizá esa comedia insólita, de espíritu indomable que vaticinaron algunas crónicas en el pasado Festival de Málaga (donde Bajo las estrellas arrambló en justicia con casi todos los premios gordos), la ópera prima de Félix Viscarret tiene lo que muy rara vez tienen las comedias nacionales contemporáneas presuntamente rupturistas: universo propio. Viscarret perfila en su película un microcosmos de perdedores inconscientes, que no se arrugan ante la derrota porque no la contemplan, que no operan, además, en torno a esos códigos litúrgicos de la independencia nacional más cuadriculada de fracasos y encrucijadas existenciales de compás y cartabón.Bajo las estrellas respira a pulmón abierto en libertad, sabedora de que el núcleo visceral de su incontestable encanto es espontáneo, que brota de la armazón soberbia de un guión que sabe lo que quiere pero que no imposta las soluciones dramáticas que determinan el flujo de sus circunstancias, y de la espectacular cohesión de un reparto sin grietas, que se hace fuerte gracias al recital de un Alberto San Juan superlativo, que pide Goya a gritos a cuenta de una composición tragicómica que deja espacio al desarrollo incondicionado de su incalculable talento para manejar a antojo las transiciones entre comedia y drama. Es el de Bajo las estrellas el gran papel que el actor madrileño pedía a gritos: un desheredado, moralmente harapiento, que ejerce sin ataduras su libertad a no se aquello que otros esperan de él, un sujeto desastrado que, imprevisiblemente, encontrará brújula y norte rebuscando en las raíces y en el punto de partida aquello que perdió en algún remoto lugar del camino.No sería la cinta de Viscarret la (casi) gran película que es sino fuera por esa inmensa prestación de 4x4 a cargo del protagonista de Horas de luz. Bajo las estrellas sabe ser entrañable casi sin querer, sin forzar la máquina ni manipular los contenidos de la tragicomedia, que es tal por la frescura del contenedor y no por la estrategia de un cineasta complaciente y autocomplaciente. Su película, orgullosa de ser diferente, sabe escurrir el bulto de sus defectos de alternatividad ocasionalmente baja en calorías, con un concentrado de humanidad translúcida que, más allá de los altos y los bajos obligatorios de una ópera prima, contagia sin ambages ni amagos de pretender ser siquiera un centímetro más alta de lo que realmente es.