Avril

Director: Gérald Hustache-Mathieu
Intérpretes: Sophie Quinton (Avril), Miou Miou (Sor Bernadette), Nicolas Duvauchelle (Pierre), Clément Sibony (David), Richaud Valls (Jim), Monique Mélinand (Sor Céleste), Anna Mihalcea (Flora)
Título VO: Avril
Género: Drama
Año de producción: 2006-06-29 12: 41: 01.0
Productora: Canal Plus, Dharamsala
Guión: Gérald Hustache-Mathieu
Fotografía: François Quiqueré
Duración: 96


Breve sinopsis

Avril siempre ha vivido en un convento. Cuando era pequeña fue abandonada y las monjas la educaron para convertirse en una de ellas. Las estrictas normas de la Madre Superiora le han hecho preguntarse qué es lo que había al otro lado del muro. Ahora está a punto de recibir los votos, pero sus planes cambian al enterarse por la hermana Bernadette de que tiene un hermano gemelo. Avril va en su busca, sin saber que el viaje se va a convertir en unas vacaciones inolvidables junto a tres jóvenes.

Critica

Gérald Hustache-Mathieu quiere jugar en su ópera prima a ser Dreyer, a emular la superestructura mística que empapaba Ordet, fotografiando la efigie sanadora de un milagro, pero el empeño le queda muy grande. Su película, que se cuece como una road movie, un viaje iniciático, o un culebrón familiar, según la intensidad del viento y el rumor musical del oleaje apuntalando la matriz de un autodescubrimiento, de una reflexión pretendida y pretenciosamente naif sobre una mujer que aprende a abrazar la vida y a desgajar los dogmatismos deterministas de un esquema vital con mojones mil en el camino, por una utopía de libertad ejercida desde las cenizas de esa religión, real y simbólica, de certidumbres que da respuestas de libro a las preguntas esenciales.Sin embargo el periplo emocional de Avril, una novicia que se debate entre el seductor abrigo de la jaula silenciosa, la monogamia espiritual, y la trascendencia empírica del aire azotando en la cara, la ilusión de un amor carnal sin pasajes subrayados, es el de un carácter monocromo, construido sobre las acomodaticias señalizaciones del esquema, desgranando una toma de consciencia inorgánica, que crece desde la futilidad del artificio y la impostura de un humanismo peligrosamente representativo y ejemplarizante. El milagro de Dreyer era la consumación de un drama metafísico que cuestionaba, o arrojaba luz, sobre los cimientos mismos de la fe, el de Hustache-Mathieu no puede leerse sino como un impreciso e involuntario trirabuzón cómico que pretende cargar de un plumazo sobre los hombros de la cinta de una profundidad metafórica peligrosamente empalagosa.Pero no es sólo esa desafinante querencia por el gran relato lo que destartala los planes del neófito director; bien al contrario la elemental y remilgada arquitectura dramática de sus personajes, que se desliza detrás de una solemnidad forjada a base de rudimentos manipulados, impone un umbral de credibilidad ínfimo a la odisea, buscando su razón se ser en el contraste balsámico de los exteriores y en el contrapunto marítimo. Avril no sabe definirse en las apariencias del contraste, ni formular un discurso narrativo sólido sobre la dualidad cuerpo-espíritu. Quizá el talento de Sophie Quinton y Miou Miou opongan loable resistencia a la autocomplacencia de un drama que nunca sabe dominar su militancia dicotómica en lo físico y lo metafísico.


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