
Breve sinopsis
Cuando los Etxebeste se disponen a salir de vacaciones se quedan sin dinero, pero no están dispuestos a admitir la humillación que supondría que sus vecinos empezasen a pensar que ellos no pueden permitirse ir a la playa. Por eso, deciden mantener las apariencias en el pueblo y volver por la noche, a escondidas, a encerrarse en casa. Las atípicas vacaciones servirán para que entre todos se echen en cara las miserias de la familia, aunque a la vez serán las más divertidas de sus vidas.Critica
Etxebeste es un miserable, un petimetre, un sujeto sin principios de esos que sueñan con lucir hábitos que no le son propios. Un trepa sin prejuicios de peluquín y sonrisa engañabobos que sueña con las altas esferas y con convertirse en mandamás de un pueblo cualquiera que venera la impecable fachada de su mentira. Por eso Aupa Etxebeste es una comedia amarga, agridulce porque reírse de este pobre infeliz y de su imperio de señuelos tiene un matiz de crueldad y un poso de lama conciencia, porque Etxebestes los hay a patadas hasta debajo de las piedras. Asier Altuna y Telmo Esnal debutan en el universo del largo con esta tragicomedia que comienza expresándose en los límites del esperpento y acaba dando rienda suelta al impulso, que se manifiesta casi por inercia, de comedia de enredo y del absurdo. Es la ruptura del equilibrio y la descompensación entre los dos segmentos de la pieza lo que lastra sin solución un concepto bien urdido, expuesto y presentado. Queda una película que apunta buenas maneras, pero que acaba enredada en la madeja de su levedad, porque el encierro veraniego familiar de este prohombre de andar por casa se antoja coartada relativa, insuficiente. Aupa Etxebeste acaba por agotar porque encima tiende a perder su sello. Lo que engancha es la descripción de caracteres, el desglose de las miserias de una familia enquistada en su laberinto de apariencias. Una vez metidos en harina el invento se va diluyendo y decreciendo en interés hasta hacerse prácticamente invisible e insignificante. Al final impera la sensación del mucho ruido y pocas nueces, y la traición a las raíces costumbristas del relato determina la escasa altura final de un producto cerrado con un desenlace equívoco y en sintonía con la atonía general de su segunda mitad. Altuna y Esnal tienen madera porque hay destellos en este ¡Aupa Etxebeste!, pero no logran cuadrar el círculo. Con todo vale la pena visionar una copia en versión original en euskera, por lo excepcional del hecho en sí y porque semejante propuesta no hace sino enriquecer el panorama del cine nacional.