
Breve sinopsis
El affaire entre un cantante de rock y una joven chelista tiene como consecuencia un niño inesperado llamado August. Cuando el destino y las dificultades separan a la pareja, August es ingresado en un orfanato, pero decide escapar motivado por un trabajador social. El niño llega a Nueva York y ahí se involucra en el mundo de los músicos callejeros con un nuevo benefactor, el interesado y peligroso Wizard. El joven August Rush utilizará su gran talento musical para reencontrarse con sus padres.Critica
Kirsten Sheridan, hija del gran (cuando quiere) Jim Sheridan ("En el nombre del padre") tiene a quien parecerse. La mala noticia es que ha elegido parecerse a ese irreconocible clon del progenitor que perpetró la incalculablemente horrenda "En América", un melodramón familiar sobre los rigores de la inmigración en la que, paradójicamente siendo como es la más convencional de sus propuestas, el director de "The Boxer" reflexionaba en tercera persona sobre sus propias raíces, sobre su propia infancia. "August Rush" cojea del mismo pie. Relectura cristalina y musical de "Oliver Twist" en clave contemporánea, fotocopia de mil y una ficciones televisivas de pobre huerfanito hecho a sí mismo a imagen y semejanza de Marco, el del mono Amedio, "August Rush" es un dulce de alto contenido calórico, un drama urdido con materiales de prefabricación que no se ruboriza apelando sin misericordia a la lágrima más fácil, a la conmoción más epidérmica.Ralentís, vídeos musicales, intensidad de baratillo, todo vale para ilustrar las innobles miserias de un núcleo de desgraciados de libro: dos músicos de antagónica extracción social, juglar de garitos el uno, viloloncelista de futuro la otra, se enamoran, se aman y la fatalidad los separa sin piedad con un recuerdo en forma de vientre hinchado. Más fatalidades hacen que el pequeño Evan sea separado de su madre y criado en un orfanato privado de cualquier contacto con la música, que le da vidilla. En ese punto "August Rush" tiene un algo de "Billy Elliott" y otro algo de "El perfume", pero en versión melodrama familiar sacarinado. A Sheridan sólo le interesan las dobleces más obvias de la tragedia, sólo los pucheros "fast food", sólo la miseria de diseño y la convulsión pre-masticada.Un menú bien pertrechado de impostura, previsible de la a A a la Z, más empalagoso que una sobredosis de turrón blando. Constatación además de que, como siempre, la milagrosa honestidad de los grandes niños actores se atrofia las más de las veces a cuenta del método. Freddie Highmore es el mejor indicador de esa irreversible (excepciones aparte) maldición.