
Breve sinopsis
El director del FBI, Stanley Locke, designa a dos de sus mejores agentes para que protejan a un mago de Las Vegas llamado Buddy "Ases". El artista tiene corruptos tratos con la mafia y para salvar su cabeza ha decidido declarar contra Primo Sparazza, el capo más sanguinario de los últimos años. Cuando el entorno de Sparazza se entera de las intenciones de Buddy, ofrece un millón de dólares por su vida. Así, toda clase de asesinos a sueldo y embaucadoras damas persiguen a "Ases".Critica
Humo en cantidades industriales. Eso es lo que tristemente vende Joe Carnahan emulando malamente, o imitando para ser más precisos, la vena más histriónica de la "tarantinitis" de segunda mano, o las demenciales espirales de violencia posmodernistas de Tony Scott. Pero Carnahan ni tiene las cenizas del talento de Tarantino, ni la furia adrenalínica, psicodélica (y cargante, todo hay que decirlo) del pequeño de los Scott. Ases calientes vive de la verborrea canalla de diseño y el voluminoso flujo de sangre y vísceras estéticas que son el reclamo fácil de espectadores ávidos de emociones fuertes de baratillo. Carnahan se reivindica como maestro y dominador de un efectismo, tristemente rancio, que se alimenta de las constantes evanescentes y huecas del videojuego cinematográfico y de carnicerías truculentas a costa de tipejos de gatillo y bofetada fácil y de una sacralización impresentable de la violencia, que es sujeto de un tejido dramático invisible. Ni rastro de carácter o independencia del menú megaviolento de turno, en su lugar una delirante (por risible, no por deliberadamente paródica, que también) sucesión de malentendidos mafiosos de libro, desencuentros policiales de juzgado de guardia, y una colección de malotes y matarifes que ni Street Fighter o Dead or Alive. Lo peor es que Ases calientes no es un cómic ni un videojuego aunque trascienda con hechuras de tal, porque el esfuerzo aglutinador, el ejercicio de reciclaje de Carnahan no da para más. Entre tanto despropósito desfilan voluntariosos Ben Affleck (que no levanta cabeza, a pesar del espejismo de Hollywoodland), Ray Liotta y Andy García (acaso lo más salvable del asunto, por salvar algo), mientras Ryan Reynolds aporta su inexpresivo rostro bonito. Cine para acólitos de las emociones fuertes sin pies ni cabeza. Al lado de de Ases calientes, el Domino de Tony Scott es una obra maestra. Háganse una idea.