
Breve sinopsis
Al ingresar por primera vez en un centro de acogida de menores, Lionel se da cuenta de que su vida va a cambiar radicalmente. Allí conoce a Iván, un graffitero veterano del centro, que acabará siendo su amigo. Junto a ellos, Elena, novia de Iván, y su amiga Jenny compartirán problemas e intercambiarán sueños hasta que deciden huir robando un coche para dirigirse al mar, lejos de todo lo que les rodea. El viaje resulta una auténtica aventura, llena de buenos momentos y situaciones difíciles.Critica
Los claroscuros de la infancia, la depresión suburbial y cómo ésta afecta a los vaivenes de la adolescencia, son sujeto preferente del cine nacional de un tiempo a esta parte. Volando voy, Vida y color o Arena en los bolsillos son una suerte de epílogo, polifónico por supuesto, del Barrio de León de Aranoa: Malas calles y sueños fundidos en el asfalto, viajes iniciáticos a los paraísos adultos que luego no son tales, ni la sombra siquiera. César Martínez Herrada propone una mirada con corazón a ese mundo ingrato del despertar cuando te rodea la miseria, la rutina del golpe y la represión, apostando por un viaje a las utopías de cuatro chavales habitantes en un mundo rácano en oportunidades, raquítico cuando de soñar con el porvenir se trata. Las tragedias cotidianas de los cuatro, de sus padres, de sus tutores, son de carne y hueso, indigestas como los reveses tangibles del día a día. Arena en los bolsillos presume de la humanidad de sus perfiles, de su capacidad para bucear en las miserias de la adolescencia desde dentro, sin imposturas ni interpretaciones complacientes. Una ventana más o menos transparente al semblante desencajado de la miseria que no acaba de esquivar tópicos y se confía a lugares comunes y clichés sobre el desarraigo para dar fuste a la odisea supervivencial de los cuatro desheredados. Un filme que derrocha buenas intenciones, que sabe hurgar en la herida y vender desasosiego al pormayor, que habla de una realidad callejera con la es fácil empatizar, pero que no acaba de adquirir nunca una perspectiva genuina y diferenciadora sobre el conflicto que explora. A Arena en los bolsillos le falta un punto de carácter, no ceder a las tentaciones esquemáticas del hiperrealismo barriobajero, con ración de violencia doméstica y asistentes sociales ejemplares de por medio. Es esa recurrencia al manual, al abc de los relatos de calle y miseria, lo que pesa más en la balanza de los contras. El contrapeso corre a cuenta de un reparto sólido tanto en el partido adulto (mención especial para el siempre enorme Antonio Dechent) como en el infantil y, sobre todo, la honestidad en la descripción de las derrotas de los dos chavales protagonistas. Un producto valiente y eficiente a grandes rasgos, que no acaba de explotar todo su intrínseco potencial por no saber hablar con voz estrictamente propia cediendo, con frecuencia, a la tentación de ser lo que otras muchas ya fueron antes.