American Dreamz, salto a la fama

Director: Paul Weitz
Intérpretes: Hugh Grant, Dennis Quaid, Mandy Moore, Marcia Gay Harden, Chris Klein, Jennifer Coolidge, Willem Dafoe, Judy Greer, John Cho, Seth Meyers
Título VO: American Dreamz
Género: Comedia Dramática
Año de producción: 2006-06-29 12: 19: 23.0
Productora: Universal Pictures, Depth of Field
Guión: Paul Weitz
Música: Stephen Trask
Fotografía: Robert Elswit
Duración: 107


Breve sinopsis

"American Dreamz" es el concurso de talentos más popular de Estados Unidos, su éxito no parece tener curva descendente, sin embargo el anfitrión del programa, Martin Tweed, está harto del perfil previsible de los concursantes, motivo por el cual decide reclutar a un heterogéneo grupo de candidatos. La guinda la pondrá el Presidente de Estados Unidos, que ejercerá de juez en el último programa de la temporada.

Critica

Paul Weitz quiere ser malo y adulto, pero no le sale. Se ponga como se ponga siempre le puede el instinto American Pie, de americano guasón, razonablemente gamberro pero políticamente correcto e intrascendente en última instancia. American Dreamz es un intento fallido de apuntarse a una tercera vía en la comedia norteamericana, a caballo entre el humorismo pijo y hormonal que arrasa entre la platea adolescente y una comedia adulta con sustancia y algún que otro recado sociopolítico. En esa tierra de nadie se instalaba también en In Good Company, un invento mucho más interesante y estimable que el que nos ocupa. Aquí se pone bizarro juntando en el mismo reparto a Willem Dafoe, Marcia Gay Harden y Dennis Quaid por un lado, y los iconos de la comedia boba y con acné: Mandy Moore, Chris Klein o John Cho. Un cóctel irrelevante porque irrelevante es la espina dorsal de las risas y porque su crítica de buen rollo a la política exterior norteamericana, al borreguismo presidencial y al penoso estado de la cuestión de la telerealidad, son tan suavecitas y azucaradas que su impacto se diluye entre tanta risa tonta y irreverencia de cartón. American Dreamz presume un puñado de puntos inspirados, fundamentalmente en boca de los citados Quaid, Dafoe y Marcia Gay Harden, que defienden los tres personajes más jugosos del invento, pero lo demás es mucho ruido y muy pocas nueces. Weitz propone, a lo sumo, un entretenimiento llevadero, que se mete en lodos de los que luego no sabe salir por timorato y complaciente en el fondo. Si algo, no obstante, cabe reconocerle a Weitz es la forja de un estilo propio de comedia y el intento de buscar un punto de encuentro digno entre el público adulto y el juvenil. Una titánica tarea que completaba con nota en In Good Company pero que no satisface en ésta, su película más ambiciosa hasta la fecha.


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