
Breve sinopsis
Cuando Edward era niño podía sentir fuerzas sobrenaturales y pronto entendió que otro mundo existía. Veinte años más tarde, Edward Carnby se dedica a la investigación de sucesos paranormales. Cuando diecinueve personas desaparecen en extrañas circunstancias, descubre que todas tienen un nexo en común, incluso él: crecieron en el mismo orfanato. Ante el peligro que se avecina, busca ayuda en una antigua amiga para luchar contra las fuerzas sobrenaturales que amenazan la existencia humana.Critica
Uwe Boll es uno de los cineastas más divertidos del momento. Se está convirtiendo en todo un director de culto porque sus películas son enciclopedias que sistematizan todos los trucos, atajos y consejos para poner en pie una película de mala para abajo. Le va a acabar pasando lo que a Ed Wood, que uno ya no sabe si el despropósito, de tal magnitud es, quiere ser, un monumento al despropósito para quedarse con el personal o es que, más simple y probablemente, el cineasta alemán no da para más. De momento ya es autor, que no es poco mérito, de dos de las peores películas de la década hasta el día de hoy: la horrenda, bizarra, rocambolesca y desternillante (por mala) House Of The Dead, acaso la cinta de zombis más cutre, y ya es decir, jamás filmada con material no casero, y este incalificable Alone In The Dark, enésima adaptación al celuloide de un videojuego de éxito con las penurias argumentales que ello habitualmente implica. Al lado de Alone In The Dark, Doom, que también tiene lo suyo es una obra de arte imprecedera, un primor de punta a cabo. A uno le entra nostalgia hasta recordando las dos entregas de Lara Croft, al menos siendo muy pobres, no eran somníferos con "efectos" especiales. Uwe Boll riza el rizo con un enredo sin pies ni cabeza que explota por millonésima vez el rollo del comando de tipos duros recorriendo túneles en busca de algún género de bestia parda, mutación genética o animal borde y resentido con la vida. Aquí los inadaptados en cuestión son unos sujetos mutados, como casi siempre, en criaturas con cantidad de fuerza bruta. Dónde van o de dónde vienen es preguntar demasiado, básicamente porque lo más fácil y cómodo es perder el hilo en el minuto cinco y no volver a cogerlo hasta los títulos de crédito del final. Alone In The Dark es una apología trash delirante y deficiente del desconcierto, el caos dramático, el absurdo y lo milagroso. Y es que de milagro cabe calificar el mero hecho de que Boll encuentre socios dispuestos a co-financiarle sus inventos. De cine no hay ni rastro en esta eterna hora y media de muy cutre factura que, peligro, amenaza, en forma de final abierto, con una secuela. Mientras Christian Slater y Stephen Dorf, que un día fueron proyecto de estrella, siguen su cuesta abajo sin frenos agarrándose a cualquier oferta para seguir de alguna manera tímidamente en la brecha. Alone In The Dark es una película básicamente horrorosa, sin coartadas ni filtros de luz, que asusta por su imponente grado de mediocridad, y que tiene la virtud de lograr que sea cual sea la película que se visione a continuación, parezca sí o sí una obra maestra, aunque sea una de, yo qué sé, los hermanos Wayans.