
Breve sinopsis
La posesión de una información crucial para el futuro del mundo obliga a Elliot, un espía americano agente de la CIA, a desaparecer y rechazar su identidad. A partir de ese momento lo único que le interesa es volver a encontrarse con su hija Orlando, a la que tuvo que abandonar diez años atrás. Su vieja y gran amiga, Irene, en compañía de David, el hijo adoptivo de Elliot, organiza un reencuentro en la ciudad italiana de Venecia. Allí van a toparse con William Pound, un peligroso asesino.Critica
El 11 de septiembre es un filón preapocalíptico, más allá del valor emocional y la proximidad sentimental de su impactante y desolador efectismo. Hay bambalinas político-económicas que el conmocionado emotivismo (salvando las abismales distancias) que practicaban Paul Grengrass en la admirable United 93 y Oliver Stone en aquel panfleto romántico telefílmico de World Trade Center, no exploraba porque sus tiros iban por otro lado. Ese potencial dramático de cuenta atrás, hacia un final cierto, pero desde la colateralidad de un conflicto emocional candente que desplaza la atención de la dinamita política, propiamente dicha, alimentando la tesis de que no hacía falta ser vidente para presagiar la naturaleza de la catástrofe, de que los servicios secretos de aquí y de allí manejaban certezas sobre la inminente masacre y que, a fin de cuentas, por mucha parafernalia jihadista que adorne el despropósito, lo que subyace es un discurso-hedor economicista que hiela la sangre. Ese es el 11 S del debutante Santiago Amigorena, un 11 S desde la confortable seguridad de la distancia, porque mientras unos saltaban del edificio en llamas otros contaban dólares y se congratulaban por haber salvado el capital. Algunos días en septiembre es la primera película mediática sobre los atentados que relativiza, narrativamente hablando, el jugoso dramatismo del atentado, desenfocándolo y ubicándolo en discreto segundo plano a pesar de que no hay quiebro, ardid o gesto que no profetice la inminente tragedia, que se nos introduce a través de un formidable plano secuencia final que busca el ruido confuso de un oscuro televisor veneciano estupefacto ante la inasumible dinámica de los acontecimientos. Amigorena mira el jaleo pre-bélico desde fuera, alimentando los vértices de un cuadrilátero emocional cuya miserable intrahistoria descansa la oscura responsabilidad de los arquitectos en la sombra de aquellas aguas que a la postre traerían estos lodos. Un drama cosido con rigor y precisión geométrica, seductoramente misterioso que, no obstante, se mueve peligrosamente entre extremos y composición de conflictos y personajes excesivamente barroca. La simbiosis entre el drama político tradicional, el cine de espías y agentes dobles de toda la vida, y el intimismo europeísta, que sostienen los pilares de un producto eminentemente autoral y, a la vez de consumo para las masas que buscan algo más que sesiones de evasión con piloto automático, es el asidero más emblemático del invento, al que le sobra la caricaturesca maldad del sicario al que da vida John Turturro, alguna trampa narrativa de más y un desenlace, plano conclusivo aparte, difícilmente probable. Juliette Binoche y Nick Nolte, que se basta de cinco minutos de intervención para sentar cátedra, están donde de ellos se espera: dando lustre a un debut prometedor, el de Arigorena, al que apenas sobra el inevitable hervor de trascendencia inherente a cualquier debut con neuronas.