
Breve sinopsis
Adría es un periodista que llega a Ibiza para buscar "la casa del francés", un pequeño refugio situado en el centro de la isla, concretamente en la población de San Agnès. Allí le espera Kike para disfrutar del fin de semana. Poco a poco, y en clave de humor, se irá dando cuenta de que estos días cambiarán su vida para siempre. "Aislados" está dirigida por David Marqués (Cualquiera) y en ella únicamente aparecen tres personajes.Critica
Ya se sabe que es posible hacer una película sin una perra gorda, con una sola cámara (y digital) y un equipo amateur, lo que tiene mérito realmente es hacerla sin guión. Es decir: poner la cámara a grabar disertaciones triviales e intrascendencias dialécticas de horas muertas sin argumento ni objetivo, sin planteamiento, nudo, ni desenlace. Eso es Aislados: una fructífera reunión de colegas que desembocó en película y que encontró, inexplicablemente, canales de distribución. David Marqués, que afronta su segunda experiencia tras las cámaras, no tiene nada que contar y se limita a rellenar metraje a base de disertaciones sobre la marihuana, el Spectrum del año de la polka, el cine iraní y la cocina francesa. Aislados es un capricho audiovisual más que una película propiamente dicha, un producto que presume, y de otra cosa no puede presumir, de desparpajo y naturalismo informal y desaliñado, que muta, quiera o no su joven realizador, en docu-show sin sustancia ni quid de la cuestión. El mérito está en adivinar qué pretende Marqués con este monumento a la parsimonia y al arte de mirar a las musarañas y rascarse el ombligo. Adriá Collado y Eric Francés son dos filósofos de andar por casa, dos parásitos ejemplares descreídos y a su bola, que viven reñidos con el mundo y sestean despiertos aspirando a vivir del cuento haciendo el vago con entusiasmo. Igual Marqués quiere llamar la atención sobre patologías individualistas, sobre déficit de valores y pérdidas de norte. Ocurre que es difícil saber si el punto de vista es crítico o apologético, tal es la ligereza y la laxitud del esquema. Naturalismo pues de pega, forzosamente casual que alterna diálogos de besugo y perogrullo con otros puntualmente inspirados, que nacen de una improvisación teledirigida y perfectamente banal, que son en sí mismos la salsa del invento, pero que de ninguna manera constituyen un elemento de peso para justificar ochenta minutos de infantil compadreo. Dos niños grandes hablando de sandeces, algunas con gracia y otras sin, un montaje definido por las penurias presupuestarias y, si acaso, el descubrimiento de Eric Francés, una vis cómica a explorar en lo sucesivo en productos de más enjundia, menos desesperantemente insípidos e intrascendentes, son el legado de este amistoso encuentro entre dos viejos colegas que no merece una película para ser inmortalizado, ni mucho menos.