Agua

Director: Deepa Mehta
Intérpretes: Seema Biswas, Lisa Ray, John Abraham, Sarala , Manorma , Dr. Vidula Javalgekar, Raghuvir Yadav, Kulbushan Kharbanda
Título VO: Water
Género: Drama
Año de producción: 2005-06-29 12: 16: 12.0
Productora: Mongrel Media
Guión: Deepa Mehta
Música: Mychael Danna
Fotografía: Giles Nuttgens
Duración: 114


Breve sinopsis

En 1938, en la India colonial, una niña de 8 años se queda viuda la noche de su boda. El destino de Chuyia queda fijado y tras afeitarle la cabeza, se va a un ashram para viudas donde podrá venerar a su difunto esposo durante el resto de sus días. Pero la encargada del lugar obliga a las mujeres más jóvenes a prostituirse. Kalyani, otra viuda, conoce a un joven defensor de las ideas revolucionarias de Gandhi. La intervención de Chuyia hará posible que la difícil relación entre ambos prospere.

Critica

Rúbrica de la trilogía de los elementos compuesta por Fuego, Tierra y Agua, la última película de Deepa Mehta, que pasó por mil vicisitudes antes de poder materializarse, boicot fundamentalista incluido, retrata la penosa supervivencia en los conventos de viudas de mujeres víctimas de opresivos anacronismos, de la humillación de ser mujeres sólo en función de sus maridos. En el mismo horizonte estético y conceptual de la soberbia Fuego, Agua se obstina en denunciar la burbuja de intolerancia y discriminación totalitaria en que viven indios e indias de toda condición en una cultura, la hindú, pródiga en excesos y atentados contra la libertad. Y es que por mucho que Mehta tenga fama de feminista, por mucho que vendan su cine como un alegato a favor de los derechos de la mujer en un mundo que las margina, su cine no es sino un brote de humanismo universalista que alza la voz contra la coacción por el miedo. No hay vencedores ni vencidos en el cine de la directora india, los personajes masculinos corren idéntico negro destino prisioneros de las mordazas culturales y aunque no padecen el rigor de las miserias de las mujeres, que son el último eslabón de la cadena, rumian la escasez de aire limpio, las imposiciones sistemáticas de una religión, como cualquier otra, que tiende a anular la individualidad a favor de un ideal colectivo de enajenación. Agua pone de relieve estas disfunciones sociológicas con la misma energía de Fuego, con el mismo compromiso humanitario. Mehta sabe explorar los rincones más sórdidos de su patrimonio cultural, pero lejos de dejarse vencer por la sordidez de la desesperanza congénita que emana de esos paraísos de intransigencia, sabe hablar de la luz de los ínfimo, la felicidad relámpago, la supervivencia obstinada frente a la adversidad y la redención a través del amor. Agua es un retrato terrible de miseria y desolación por decreto ley que cree sólo en una religión, que es la de la concordia y la del privilegio de amar y ser amado. Con el elemento líquido como símbolo de pureza en un Benarés (falso por imperativos administrativos) de salvaje y contradictoria belleza, Mehta construye una hermosa odisea de amistad, de almas gemelas confabuladas contra la hostilidad del medio circundante, dos mujeres que pelean a brazo partido por su dignidad en un contexto en que la integridad es una utopía. Sensual, seductora, hipnótica y rabiosamente humana, Agua cierra con nota una trilogía de múltiples tentáculos, que es un homenaje a todos aquellos, hombres y mujeres, que deben batirse a diario por conservar su identidad intacta y que son rehenes del azote del fundamentalismo. Cine con corazón, que horada la fibra sensible y estimula conciencias rezumando belleza en las texturas y paletas cromáticas flamígeras, telúricas o acuosas (en este caso). Mehta sabe sacar petróleo de sus ingredientes: los actores, la atmósfera, el entorno geográfico y el potencial metafórico del medio.


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