
Breve sinopsis
Antonio se ha enamorado de una mujer a la que ve cada día, mientras su amigo Rafa se encuentra con un viejo amor. El problema de Jesús es que quiere algo serio con la chica con la que ha pasado la noche, un episodio superado por Vane y Juan, que se enfrentan a su primera comida familiar como novios. Los celos de Sergi ponen en peligro su relación y Jose se ve incapaz de superar la ruptura con su chica. El único matrimonio, Rosa y Fernando, prueba el intercambio de parejas para animar su rutina.Critica
Concentrado de la práctica totalidad de las miserias del cine televisivo español, "8 citas", ópera prima del tandem Peris Romano-Rodrigo Sorogoyen, quiere ser un políptico sobre el amor a través de la observación de las diferentes etapas de la relación de pareja desde las brasas amorosas hasta el naufragio y el reencuentro y la esperanza en la resurrección. La uniformidad en el tono, insólita en esta suerte de propuestas polifónicas enredadas en torno al muy cansino esquema de las vidas cruzadas, no es motivo de fiesta en este caso, porque esa homogeneidad descansa sobre el indiscriminado desfile de arquetipos, de quiebros románticos de perogrullo y de siluetas recortables, que quintaesencian de mala manera el antes, el después y el durante de la llama pasional. Los novatos directores desempolvan todos los tópicos habidos y por haber para completar el fresco, con la complicidad de algunos excelentes actores, y otros menos excelentes, con cantidad de rostros catódicos a bordo. De hecho "8 citas" viene a ser una suerte de traducción del lenguaje televisivo de sketches (con o sin gracia), de fragmentos a toda pastilla en un formato masticado para espectadores impacientes habituados a esa moda del mosaico cortometrajista que ha puesto de moda la cuestionable "Escenas de matrimonio". Salvando las distancias, obvio, es el modelo de lenguaje lo que se importa, la rítmica y el envoltorio, porque aquí si sobra algo son pretensiones. El que mucho abarca poco aprieta.El resultado es un producto errático, desmedidamente ambicioso, fláccido y de comicidad muy (mucho) intermitente. Lo de atomizar el punto de vista para escurrir el bulto ya está muy visto. Las películas corales, de caminos convergentes, acuñadas como una moda sin visos de agotamiento, suelen esconder la incapacidad del guionista para acoplarse a la estructura del largometraje focalizando así la atención en una historia con sujeto-verbo-predicado y en unos personajes con antecedentes, circunstancias y resultante evolución. Esto es algo así como debutar en la música con un disco de versiones: un mosaico de retales filotelevisivos que no esconden ni un poquito su identidad gregaria. Por allí pululan Arturo Valls, Melanie Olivares y actores varios, curiosamente, de las matrimoniadas de José Luis Moreno para deleite de los fans y asiduos de la caja tonta. En síntesis: televisión disfrazada de cine. Menos mal que están Adriana Ozores, Miguel Ángel Solá o el propio Fernando Tejero para poner los puntos sobre las íes. Menos da una piedra.