7 vírgenes

Director: Alberto Rodríguez
Intérpretes: Juan José Ballesta, Jesús Carroza, Vicente Romero, Alba Rodríguez, Julián Villagrán, Manolo Solo, Ana Wagener
Título VO: 7 vírgenes
Género: Drama
Año de producción: 2005-06-29 12: 12: 50.0
Productora: Tesela Producciones Cinematográficas S.r.l., La Zanfoña
Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos López
Música: Julio De la Rosa
Fotografía: Álex Catalán
Duración: 86


Breve sinopsis

En un barrio marginal de una ciudad del sur, Tano está a punto de salir durante 48 horas del correccional en el que se encuentra. Su condena ha sido interrumpida para que pueda asistir a la boda de su hermano Santacana. Pero 48 horas de libertad dan para muchas cosas: emborracharse, drogarse, robar, amar y cualquier otra cosa que tenga prohibido en el centro de reforma. Tano pronto descubre que su vida, el barrio, su familia y sus amigos ya no son los mismos. Y se ve obligado a madurar.

Critica

El hiperrealismo marginal de bulevares de sueños rotos, esquinas de mala muerte y vidas estrelladas es un subgénero de escaso cultivo en España. La coincidencia de tres títulos de semejante jaez en el curso cinematográfico que nos ocupa pone en evidencia el creciente interés por explorar tales ámbitos, con nobles y distinguidos antecedentes gracias, sobre todo, a la inercia del cine de Fernando León de Aranoa. 15 días contigo, Princesas y 7 vírgenes conforman este singular tridente de supervivencia urbana. Y no es caprichoso cotejar la tercera película de Alberto Rodríguez, firmante de un filme tan sugerente como El factor Pilgrim, con la impronta temática del director de Los lunes al sol, y es que 7 vírgenes tiene mucho del costumbrismo barriobajero y desolador de Barrio. Si bien la desesperanza inherente a ambos relatos es dispar. Barrio es más un retrato, un bosquejo extrapolable de un limbo generacional que tiene eco en casi cualquier rincón de una ciudad cualquiera. 7 vírgenes es menos ambiciosa en ese sentido; no es, ni quiere ser, una película sobre la juventud, un chequeo, más o menos incisivo, sobre el vértigo universal de ciertas fases de la pubertad. Rodríguez tiene claro que su película, aún siendo deudora del naturalismo de cadencias documentales, es un drama con nombres y apellidos. Más allá de puntuales reincidencias en el abc de la epopeya urbana, 7 vírgenes dispara verdades como puños, esclavismos consustanciales a ciertas dinámicas de depresión pero sin aspavientos no solemnidades concentradas. El rigor de la propuesta es incontestable, en tanto en cuento alardea de ser lo que es: un paréntesis en una existencia miserable, destartalada por cortesía del sistema y el puñetero azar que te coloca, por menos de nada, a las puertas del infierno desde que tienes uso de razón. Una cinta muy creíble, extremadamente cercana, probable y ejemplar en su estructura dramática, en su caducidad indeseable definida por esas cuarenta y ocho horas de las que dispone Tano para reencontrarse con lo que fue y calibrar las opciones reales de comenzar a ser otra cosa. Pero la perra vida no está por la labor de darle cancha, y eso por pura matemática de la supervivencia, porque Rodríguez no se esmera en cargar las tintas del exilio interior de este antihéroe del asfalto. El drama cae encima por la propia lógica de su peso, nadie tira del hilo para precipitar el efectismo de la tragedia. Por eso funciona 7 vírgenes como un reloj, porque aletea ligera de principio a fin sin querer vivir de infladas apariencias o delirios de grandeza. Cinta muy coherente con su propia carta de naturaleza, disparada por aciertos de casting, por la excelente dirección de actores. Resulta que, aún con Concha de Plata a cuestas, Juanjo Ballesta tiene que ceder, en ocasiones al desbordante talento de algunos de sus compinches de correrías, empezando por un fresco y extraordinario Jesús Carroza, acaso la gran revelación, por el calibre de la irrupción, de esta tragedia que optimiza ejemplarmente la precariedad de sus medios.


CDNSearch