53 días de invierno

Director: Judith Colell
Intérpretes: Mercedes Sampietro (Mila), Àlex Brendemühl (Celso), Aina Clotet (Valeria), Maria Pau Pigem (Ángela), Monserrat Salvador (Dolores), Silvia Munt (madre de Valeria), Joaquim de Almeida (Hugo), Celso Bugallo (vagabundo), Abel Folk (padre de Valeria)
Título VO: 53 días de invierno
Género: Drama
Año de producción: 2006-10-31 12: 36: 54.0
Productora: Ovideo
Guión: Gemma Ventura
Fotografía: Sergi Gallardo
Duración: 91


Breve sinopsis

Mila es una maestra de instituto que lleva un tiempo de baja tras ser agredida por un alumno, Celso tiene graves problemas para sacar adelante a su familia con su trabajo de guarda jurado y Valeria, es una estudiante de violonchelo con una tormentosa vida personal. Los tres se encuentran una noche de invierno en una parada de autobús. Mientras asisten al abandono de un perro, se plantean muchas dudas existenciales. Quizá haya llegado el momento de que se enfrenten a sus miedos y frustraciones.

Critica

El cine español contemporáneo tiende más a la dispersión que a la concentración, a la atomización de la narrativa tendente a la bifurcación en infinitas subtramas. El cine nacional se esconde en el espejismo coral para escurrir el bulto, se apuesta por dramas polifónicos que en panorámica revelan la inestable arquitectura de los guiones, incapaces de componer relatos elementales con sujeto y predicado, con un solo eje central en torno al cual hacer orbitar los alrededores de la ficción. Es una moda y una estrategia, se llevan las películas de grupo, los rompecabezas emocionales y rara vez, de hecho, la densidad natural del tejido narrativo justifica la mirada múltiple ni la estructura del mosaico. No entra en ese saco "53 días de invierno", última propuesta de Judith Colell, un tríptico cuyas voces proyectan el eco de lo auténtico. La cinta de Colell es cine coral y colectivo urdido desde la honestidad de una tragedia que por inercia se desfragmenta en sentido tridireccional. Desde un encuentro fortuito e irrelevante en una parada de autobús, Collel desglosa cámara al hombro las vidas de tres sujetos vulgares, anodinos incluso, cuya hibernación, acaso perpetua, descansa en la ingrata amargura de la desazón cotidiana. "53 días en invierno" se nutre de lo ínfimo, del semblante más convencional de la derrota, el del desamor, el infierno de la precariedad laboral y los fantasmas del pasado. Cine no retórico, del que no se da aires, orgullosamente pequeño, diminuto incluso, sin adicción por las grandes y trascendentales cuestiones y el sentimentalismo de compás y cartabón.En ese sentido, la cinta de Collel se mueve en las antípodas del inmovilismo academicista últimamente congénito del cine español, cohesionada a través del discurrir paralelo de las tres vidas errantes de otros tantos solitarios patológicos que se pegan de bofetadas con la vida, rezuma casi siempre el aroma de lo auténtico y esculpe una imponente articulación de sus diferentes piezas. ¿Razón? Un montaje brillantemente funcional y un deseo, el de la cámara, de colisionar a través del primer plano, con los rostros de tres actores en el cenit de su inspiración: sólida Mercedes Sampietro, sorprendente Ana Clotet y sublime, como poco, el gran Alex Brendemühl, uno de los actores más dotados, más serios y con mayor amplitud de registros, desde la contundencia de una modélica contención, de los que el cine español tiene el placer de disfrutar, generalmente en producciones de alto riesgo y en los márgenes del ´mainstream´. "53 días en invierno" es un filme cálido, de humanidad admirable al que sólo traiciona cierta inclinación a lo tremendo, al desgarro dramático casi extremo y, sobre todo, la complaciente resolución del fragmento protagonizado por Sampietro, acaramelado y, precisamente por ello ajeno por condescendiente a la impecable entereza global del producto.


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