
Breve sinopsis
Otilia y Gabita son dos estudiantes rumanas que comparten habitación en una residencia de estudiantes durante los últimos días del comunismo. Son momentos complicados para toda la sociedad, pero ambas están a punto de enfrentarse a algo que supera sus problemas hasta la fecha. Gabita se ha quedado embarazada y su amiga Otilia está dispuesta a ayudarla. Para ello, alquila una habitación en un hotel barato y le acompaña en su encuentro con el Sr. Bebe, un hombre que practica abortos clandestinos.Critica
En el cine de Cristian Mungiu hay mucho de la filosofía del encuadre de las películas de los Dardenne, su buen gusto por las tomas largas, el montaje minimalista y la acción o diálogo fuera de campo, pero al mismo tiempo Mungiu apuesta por una "escenografía" de contrastes sombra-luz, agonía-certeza que adquiere dimensiones múltiples en el filtro mental del espectador. El cineasta rumano juega con emociones latentes, que borbotan en el anhelo del receptor, fascinado por la rítmica adictiva de un suspense imperceptible. Es ésta una película inquietante por su epicentro temático, pero también por la superlativa convivencia entre las maneras, aparentemente toscas, de un drama social, y el perturbador fantasma de la incertidumbre que otorga la narración en primera persona. Mungiu desglosa el drama a través de la mirada perpleja de la asombrosa Anamaria Marinca, extraviada entre las sombras de una pesadilla inesperada. En tanto que partícipe de tal extravío, el espectador descubre atónito debajo del nivel de superficie, una narración inesperadamente inquietante, felizmente salpicada por una suerte de susurrante suspense asentado en la estupefacción de los derroteros que el relato asume según madura."4 meses, 3 semanas, 2 días" es una tragedia sobre precipitaciones súbitas al vacío, sobre existencias ultrajadas por la perfidia de terceros que, sin lugar a dudas, no encontrarán bálsamo ni consuelo. El plano final de Marinca enfrentada a la mirada directa de la cámara delata al fin una certeza, su vida se reincorpora a una normalidad inhabitable, forzada y hostil, donde el secreto que, seguro, envenenará a perpetuidad sus pensamientos, acabará por arruinar su felicidad. Si algo demuestra la nueva propuesta de Mungiu es la saludable vitalidad del cine rumano, que parece haber encontrado una suerte de vía catártica en la exploración del pasado reciente, en la restauración ficcionada de los estertores de la Rumanía abyecta de Ceaucescu, que ejercía de telón de fondo igualmente en la reciente "12:08, al este de Bucarest", insólita y melancólica comedia sociológica firmada por el prometedor Corneliu Porumboiu.Si bien en la película de Mungiu el contexto sociopolítico es únicamente sostén y atrezo circunstancial, se rastrea un empeño casi subterráneo por fotografiar la furia tenebrosa del cuadro social. La violencia psicológica que florece en la clandestinidad, entre chantajistas y oportunistas sin principios, que comercian con un modelo de libertad falsario y prostituido a la sombra de la ortodoxa y estajanovista legalidad del régimen, emerge en la película a través del rostro del abortista mafioso, mala bestia alimentada de los despojos morales de la legalidad comunista. La Rumanía que dibuja Mungiu es un país de sombras, en el que la amenaza parece sobrevolar en cada esquina cuando cae la noche entre siluetas de desconfianza, donde la luz del día saca al descubierto las cicatrices visibles de las viviendas decadentes de un país con ancla en el pasado, de una sociedad exhausta por efecto del látigo de la dictadura. Apuntes contextuales de proverbial sutileza cuya explícita discreción no hace sino fijar el foco, y cómo, en la intensidad irrespirable del drama.Renuncia Mungiu al contraplano, para que los actores orbiten alrededor del espacio escénico y no a la inversa. Lo paradójico es que las tomas largas obligan a delimitar coreografías precisas. El resultado es, no obstante, el de una fotografía arrancada a la realidad sin permiso, el de un drama que se desliza entre silencios en carne viva de pared a pared del plano con una honestidad desarmante, buscando, y encontrando, los rincones vulnerables de los varios personajes y que su dolor y, lo que es mejor, al trauma latente del porvenir incierto que los contempla en la distancia, salpique y todo lo embarre.