
Breve sinopsis
Han pasado ya 17 años de la revolución rumana, cuando las enfadadas multitudes hicieron huir al dictador Ceaucescu. El dueño de un canal local de televisión de un tranquilo pueblo al este de la capital, ofrece a dos invitados compartir sus momentos de gloria revolucionaria. Un profesor que se gasta su sueldo en alcohol y un viejo retirado y eventual Santa Claus recuerdan cuando tomaron el Ayuntamiento al grito de "Abajo Ceaucescu". Pero los telespectadores cuestionan a estos supuestos "héroes".Critica
Si el jovencísimo Florian Henckel von Donnersmarck proponía hace algunos meses con La vida de los otros la más escalofriante y lúcida de las exploraciones en los fantasmas del régimen comunista de la Alemania del este que un cineasta teutón haya brindado a la posteridad internacional, otro junior, Corneliu Porumboiu, se atreve ahora a reflexionar sobre el pasado socialista de Rumanía del que fue testigo, como von Donnersmarck, desde la perspectiva de un chaval aparentemente inconsciente. El prisma es diametralmente antagónico: el cineasta rumano apuesta por una comedia triste, que ríe a espuertas con la lagrimilla, no obstante, asomando clandestina por ambos ojos en una mirada burlona a las cicatrices de un legado que todavía escuece.Estructurada en dos bloques, el primero de ellos afanado en ilustrar las respectivas derrotas post revolucionarias del triángulo protagonista desde la modélica austeridad de una panorámica de planos generales y a distancia, desde el umbral de la puerta o desde una posición de observación indiscreta de las diatribas deprimentes del trío deprimente. Porumboiu ausculta la cotidianeidad de sus protagonistas con invisibilidad proverbial apostando el trípode imperturbable e inmóvil en pos una separación equidistante del sujeto. Cambio radical de tercio en el segundo acto, que escenifica la pantomima de un debate televisivo en tiempo real, a modo de sketch mediometraje, donde el presentador y los dos contertulios disienten sobre la naturaleza revolucionaria o no del alzamiento en Bucarest en diciembre de 1989. Porumbiu muda de rostro entonces y recorre el espacio entre la comedia minimalista, melancólica y situacional del primer bloque y el humor bufo de una representación desastrosa y delirante de una minúscula comedia de enredo con el formato de un informativo surrealista, de planificación desastrosa, malentendidos y desencuentros varios.La cinta no renuncia, en absoluto, a una modélica continuidad entre las partes, codificando el espectro traumático de una dictadura con efectos retardados, que aún se manifiesta en la deriva existencial y moribunda de los actores de aquella revolución fantasma. Porumbiu desmitifica la solemnidad del drama con una sátira proverbial sobre los amaneceres tortuosos a la libertad, que mira a la pesadilla sin complejos y con tonelada y media de frescura, maquillando la aflicción de los recuerdos, palpables directamente en el hoy, y que retumban con intensa y sutil emotividad en el apagado y encendido de farolas que abre y cierra la representación a modo de telón en un Bucarest extrañamente hostil en un invierno difícil cuyo eco, extrañamente, parece prolongarse eternamente.